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lunes, 23 de noviembre de 2020

La música y la danza disciplinas convergentes: elementos comunes

La música y la danza son dos disciplinas distintas, impartidas por profesionales especializados, que tienen objetivos y contenidos diferenciados. Sin embargo ambas tienen numerosos aspectos en común, de los que pueden beneficiarse mutuamente. Autores de reconocido prestigio en la pedagogía musical como Dalcroze y Orff, no conciben la enseñanza musical si esta no va acompañada de movimiento. Por su parte, la música proporciona al bailarín o bailarina los elementos que necesita para apoyarse, expresar y comunicar sentimientos. Ambas disciplinas poseen elementos comunes que permiten su conexión. Estos elementos son:
 
 1. El ritmo. 
El ritmo se puede definir como una organización temporal del sonido, que nos permite predecir como van a ir apareciendo en lo sucesivo. Los pasos de danza tienen un ritmo interno propio. Este debe interactuar con el ritmo de la música para poder coordinarse y conseguir una base firme en el movimiento. Para los/as bailarines/as el ritmo es una constante que proporciona la principal fuerza de movimiento. El ritmo tiene dos componentes que son el pulso y el acento. El pulso es una percusión que se repite periódica y regularmente en una obra musical. En danza constituye un latido que permanece siempre y que todo bailarín/a debe seguir internamente, para evolucionar adecuadamente dentro de su desarrollo coreográfico. El acento se define como la mayor intensidad de una pulsación con respecto a otra y va a definir las diferentes clases de ritmos. En Danza, el bailarín/a utiliza estos acentos musicales en correlación con los acentos musculares, para marcar el impulso de salida de un movimiento, para fijar la posición en el espacio en un punto culminante de la coreografía o para marcar el momento final del movimiento. 
 
 
 2. El compás. 
Es un instrumento que permite ordenar los distintos ritmos naturales, con la finalidad de hacer más fácil su lectura y ejecución. Existen distintos tipos de compases según el acento base se repita cada dos, tres o cuatro pulsaciones. En danza, gran parte de la música que se utiliza para bailar es contada y el compás musical nos indica cómo se debe contar la pieza que se está coreografiando o interpretando. Así por ejemplo un compás binario se contaría “ un y dos y tres y cuatro ….”. Un compás ternario sería por ejemplo “ 123, 223, 323, 423…”. Las palabras que se utilicen en una frase de movimiento pueden ser diferentes ( 1ya, 2ya, 3ya, 4ya…), pero la medida no varia. 
 
 3. El tempo. 
Señala aspectos relacionados con la rapidez, es decir, hace referencia al grado de lentitud o velocidad con que deben ser marcados los tiempos de un compás. Para ello se utiliza un vocabulario especial que permite calificar sus matices: adagio, allegro etc. En danza los movimientos tienen también su propio tempo. El tempo de un movimiento podemos sentirlo a través de la velocidad de su realización, la duración, el intervalo entre dos acontecimientos, las pulsaciones, acentuaciones, silencios y la intensidad de su ejecución. Así existen movimientos grandes y ligados que tienen un tempo lento o largo, y otros movimientos que son más precisos y rápidos que se realizan tipo allegro. Sin embargo, cualquier variación o combinaciones de pasos, se pueden ejecutar a diferentes velocidades (en función de las necesidades coreográficas), el requisito indispensable es que vaya acoplado y coordinado con el tempo que la música lleve. 
 
 4. Los matices. 
Se define como los diferentes contrastes que pueden aparecer en el transcurso de una composición y que afectan a un fragmento de la misma, en un momento determinado. Hay dos tipos de matices:
  • Uno que afecta al grado de rapidez o lentitud con el que se ejecuta determinado fragmento o agógica.
  • Otro que afecta al grado de intensidad con que se ejecutaría determinado fragmento o dinámica. 
 
La acción de la dinámica en la música viene dada por la variación de los matices de fuerza, suavidad, gravedad o ligereza de los sonidos, bien por transición o bien progresivamente. 
En danza, los grados de intensidad (altos y bajos) de la música, ayudan al bailarín/a a la realización de una interpretación variada, no aburrida. 
Se suelen asociar determinados niveles de dinámica, con algunas variaciones o combinaciones de movimiento. Por ejemplo los grandes saltos se asocian con una dinámica fuerte. 
 
Por otro lado se puede asociar expresión de sentimientos a los diferentes tipos de dinámica, por ejemplo una dinámica fuerte puede servir para expresar alegría. 
La agógica permite apreciar la duración con la que se ejecuta un fragmento musical (su lentitud o rapidez).En la danza se suelen utilizar diferentes tipos de agógica: 
  • Hay pasos que por sus características necesitan ralentizar o acelerar la música.  
  • Hay momentos en los que las variaciones de movimientos, están constituidas por dos partes bien diferenciadas que necesitan agógicas distintas.
  • Por último en el desarrollo de una coreografía se pueden alternar diferentes tipos de agógicas, cambiando a más rápido o más lento en distintas ocasiones. 
 
Podemos comprobar que existen muchos elementos de conexión entre la música y la danza y no nos cabe duda de que la danza, está íntimamente ligada a la música, sin embargo, la música para danza tiene un objetivo diferente al de la música para un concierto. 
La música para concierto tiene como finalidad ser escuchada. La música para la danza tiene como finalidad realzar el movimiento. La interacción entre los diferentes aspectos que tienen en común la música y la danza, motivan al bailarín hacia la ejecución de los diferentes pasos y estimula al espectador hacia el disfrute de lo que está percibiendo. 
 

lunes, 31 de agosto de 2020

Beneficios del baile para la salud

Este artículo ha sido escrito y verificado por el médico Carlos Fabián Avila
Bailar puede mejorar tu memoria. Y, una de sus grandes ventajas es que, a diferencia de otras formas de ejercicio, en el baile no hay barrera de edad.

El baile es una gran manera para que la gente, de todas las edades, logre mantenerse en forma. Además de ser divertido, el baile tiene muchos beneficios positivos para la salud. Lee a continuación más acerca de los beneficios del baile para la salud.

Bailar es una de las formas que realmente pueden iluminar las vidas monótonas de las personas. Cuando alguien decide iniciarse en el ejercicio físico suele tener en cuenta el nivel de diversión que supone. Y el baile es pura diversión.

Beneficios del baile para la salud en general

El baile en grupo te puede hacer sentir bien

Ayuda tu corazón

La danza es una gran actividad para aquellos con riesgo de enfermedad cardiovascular. Un estudio publicado a través de Journal of the American Heart Association: Cardiovascular and Cerebrovascular Disease determinó que las personas con insuficiencia cardíaca que practicaron el baile como ejercicio, mejoraron su salud del corazón, así como la respiración y la calidad de vida de manera significativa.

Pérdida de peso

La pérdida de peso es otro de los beneficios del baile si lo practicas seguido. Un estudio del Journal Obesity encontró que un programa de danza africana puede ser efectivo para promover la pérdida de peso en la población con mayor riesgo de obesidad y deterioro cognitivo.

Mejora la flexibilidad fuerza y resistencia

Bailar algunas veces requiere una gran cantidad de flexibilidad, como la tipología de baile flamenco. La mayoría de las clases de baile comienzan con un calentamiento que incluye varios ejercicios flexibles de estiramiento. Cuando bailas, debes esforzarte por alcanzar el rango de movimiento de todos los grupos musculares.

Por otra parte, bailar aumenta la resistencia. Muchos estilos de baile, incluyendo el jazz y el ballet, requieren de saltos en el aire y saltar requiere una tremenda fuerza de los principales músculos de las piernas.

La danza es un ejercicio físico, por lo que aumenta la resistencia. La resistencia es la capacidad de los músculos para trabajar duro por períodos cada vez más largos de tiempo sin fatiga. Bailar regularmente, es ideal para mejorar la resistencia, especialmente la danza vigorosa.

Beneficios del baile para la salud emocional

Hace que te sientas feliz

Bailar es algo que prácticamente todo el mundo disfruta hacer. Si observas una persona mientras está bailando, seguramente esta tiene una gran sonrisa en su cara. ¡Sonreír y reír mientras se baila es absolutamente natural! Esto es debido a que permite que disfrutes realmente.

Ayuda a manejar el estrés y la depresión

Se ha demostrado que uno de los beneficios del baile es que ayuda a prevenir la depresión leve en personas de edad avanzada. Además, otro estudio concluyó que la danza deportiva permite controlar los niveles de estrés.

Dado que la danza es una actividad social, ayuda con los sentimientos de aislamiento que padecen las personas que sufren de depresión y algunas veces las personas mayores que viven solas.

Mejora tu confianza y autoestima

La danza también ayuda a mejorar la confianza. Cada vez que dominas un nuevo paso de baile, experimentas un aumento de la confianza, además de un estado de ánimo elevado. Ese aumento de la confianza se trasladado a todos los aspectos de tu vida.

El baile es una actividad social. Los estudios han demostrado que los fuertes lazos sociales y la socialización con los amigos contribuyen a una alta autoestima y una actitud positiva. Bailar proporciona muchas oportunidades de conocer a otras personas.

Unirte a clases de baile puede aumentar tu autoestima y desarrollar habilidades sociales. Debido a que la actividad física reduce el estrés y la tensión, el baile te da una sensación general de bienestar.

Beneficios del baile para la salud mental

Mejora la memoria

El baile puede aumentar tu memoria, además de mejorar distintas habiliades psicológicas.

La ciencia revela que el ejercicio aeróbico puede revertir la pérdida de volumen en el hipocampo, la parte del cerebro que controla la memoria. El hipocampo se encoge de forma natural durante la edad adulta, lo que a menudo conduce a problemas de memoria y, a veces la demencia.

Combate la enfermedad de Alzhéimer

Un estudio halló que el baile frecuente ayuda a evitar los efectos de la enfermedad de Alzheimer. También se ha demostrado que algunas personas con la enfermedad de Alzheimer son capaces de recordar memorias olvidadas cuando bailan la música que solían conocer.

Potencia tu inteligencia kinestésica

Durante siglos, los manuales de danza y otros escritos han alabado los beneficios del baile para la salud, por lo general como el ejercicio físico. Ahora, gracias a estudios, se ha demostrado que potencia tu inteligencia kinestésica.

El mejor consejo, cuando se trata de mejorar tu agudeza mental, es involucrarte en actividades que requieren la toma de decisiones rápidas (en segundos). Una forma de hacerlo es aprender algo nuevo. No sólo el baile, cualquier cosa nueva. Al tomar clases de baile podrías desafiar tu mente y estimular la conectividad del cerebro generando la necesidad de nuevas vías.

¿Qué tipo de música debo bailar?

Hay muchas formas de baile. Jazz, salsa, merengue, bachata, reggaetón, zumba, hip-hop, ballet, contemporánea, etc. Todos los tipos de baile te pueden ayudar de muchas maneras. Lo único es que tienes que decidir es qué forma de danza te gusta más y practicarla constante mente para así obtener los beneficios del baile para la salud.

Fuente: https://mejorconsalud.com/


https://www.escuelaflow.es/horarios-y-tarifas

lunes, 26 de noviembre de 2018

Festival Madrid en Danza 2018


La danza en todas sus particularidades y estilos debe estar precedida de dos propósitos fundamentales: rigor y entrega. Este pronunciamiento lleva implícito la calidad, la innovación y esa poesía del movimiento, esa belleza a la que muchas veces no sabemos dar un nombre. La danza, de todas las expresiones artísticas, es la que posee mayor capacidad comunicativa por encima de cualquier barrera, desde la idiomática hasta la geográfica. Un cuerpo, dos cuerpos, aun viniendo de las Antípodas, son capaces de entenderse, comunicarse y expresarse a través del movimiento danzado. Madrid en Danza 2018 se mantiene fiel a esta filosofía y continúa en la senda de ser un festival prismático, abierto y cosmopolita, de servir de plataforma en forma de crisol, de unir en su programa desde el ballet académico y clásico más ortodoxo a las formas más actuales de la danza contemporánea y el teatro físico. No hay más limitación que la que ponga nuestro intelecto. Madrid en Danza es una celebración del Arte con mayúsculas.

Es verdad que seguimos viviendo una época nada fácil; puede decirse que convulsa en todos los ámbitos de la vida, de la política a la economía, de lo social a lo cultural. La danza no vive de espaldas a todo eso, sino, muy al contrario, responde con lo mejor de su expresión artística y así se hace presente, necesaria, y nos atrevemos a decir que imprescindible. Bailamos para reafirmar nuestro lugar en el mundo y en la vida.

El programa 2018 de nuestro festival, que será en diciembre, trae tres semanas de espectáculos cuidadosamente seleccionados y algunos de ellos concebidos especialmente para la ocasión. Hemos exprimido los recursos hasta obtener una oferta sólida, compacta y amena, que sea una respuesta acorde a la fidelidad que ha demostrado el público en estos años. Del Ballet Nacional de China a Hervé Koubi y sus Noches bárbaras, de Kukai Dantza a imPerfect Dancers Company. A esas prestigiosas compañías de éxito debemos sumar apuestas que parten de individualidades de gran magnetismo, como son The Great Gatsby Ballet con Denis Matvienko, una de las más dinámicas estrellas internacionales del ballet de hoy. Lo mismo sucederá con la danza española y el flamenco, con nombres señeros que encabezan el cartel -Eduardo Guerrero y Joaquín Grilo- y con la presencia de jóvenes pujantes que buscan su sitio desplegando su talento, como Marco Flores y Cristian Martín Cano.

Otras aportaciones que no debemos dejar de mencionar son el Ballet British Columbia, que dirige Emily Molnar y que trae, entre otras obras, una de Cayetano Soto y otra de Crystal Pite, la gran revelación como coreógrafa de la actualidad mundial; la compañía Danza Mobile con El festín de los cuerpos; la agrupación Resodancer con un programa mixto de coreografías de Shi Pratt, Guy Shonroni y Yaniv Abraham; el Proyecto Larrua, liderado por Jordi Villaseca, e imPerfect Dancers, que ofrecerán una revisión propia de Lady Macbeth, con la dirección coreográfica de Walter Matteini e Ina Broeckx. Se completa el aporte de las compañías españolas con LaMov, de Zaragoza, que fundó y dirige el coreógrafo y bailarín Víctor Jiménez desde 2008, que acerca al festival la creación Terrenal, con música de Mozart y Jorge Sarnago.

Este año 2018 se celebra en todo el mundo el 200 aniversario del nacimiento de Marius Petipa, sin duda, el coreógrafo más grande todos los tiempos y eje estético de la mejor herencia del ballet universal. Su huella y su prodigiosa creatividad siguen presentes y vivas hoy. Madrid en Danza contribuye a tan importante efeméride con una gala de artistas rusos, primeros bailarines de las principales compañías de aquel país, donde Marius Petipa desarrolló toda su madurez y su carrera artística y donde murió a los 92 años, después de haber legado obras maestras que se siguen bailando hoy, como La bella durmiente, Raymonda, La Bayadera o El lago de los cisnes.

Recientemente se ha puesto en marcha la Academia para la Difusión de la Danza Española, cuyo principal propósito es obtener la denominación de la Danza Española como un bien patrimonial y público de gran importancia. Para reforzar y respaldar esta idea, Madrid en Danza nos ofrece una gala de presentación que reunirá piezas de repertorio desde la escuela bolera hasta la danza estilizada y el clásico español, con el aporte de nuestros mejores coreógrafos y bailarines tanto históricos como actuales.

Como acto colateral excepcional, llevaremos la danza a las salas del Museo del Prado con un variado grupo de artistas como Mattia Russo, Antonio de Rosa, Fabrice Edelman, Allan Fallieri y Javier Monzón, con el colofón de una muy escogida pincelada testimonial de la danza española: tres bailarinas acompañadas por cuerdas harán una versión de Goyescas de Granados.

PROGRAMACIÓN
 
5, 6 y 7 diciembre: El destacamento rojo de mujeres - Ballet Nacional de China. (Teatros del Canal - Sala Roja)

8 y 9 diciembre: Radio & Juliet​ - Quatro - The Great Gastby Ballet (Teatros del Canal - Sala Roja)

8 diciembre: Faro​ - Compañía Eduardo Guerrero (Teatro Real Coliseo Carlos III)

9 diciembre: Terrenal - LaMov Compañía de Danza (Teatros del Canal - Sala Verde)

13 y 14 diciembre: Triple Bill -  Ballet British Columbia (Teatros del Canal - Sala Roja)

15 y 16 diciembre: Gala de Ballet homenaje a Marius Petipa (1818-1910)​ - Primeros bailarines de los Teatros Bolshoi de Moscú y Mariinski de San Petersburgo (Teatros del Canal - Sala Roja)

16 diciembre: Salvatio - Kor'sia (Museo Nacional del Prado)

16 diciembre: Bashdoor, la victoria absurda - FM Art Collective (Museo Nacional del Prado)

16 diciembre: KJAJ - Fabrice Edelmann (Museo Nacional del Prado)

16 diciembre: Goyescas (Museo Nacional del Prado)

18 diciembre: Oskara - Kukai Dantza (Teatros del Canal - Sala Verde)

19 y 20 diciembre: Subject #1​ - Resodancer Company (Teatros del Canal - Sala Verde)

21 diciembre: Fase alterna - Cia Marco Flores (Teatros del Canal - Sala Verde)

21 diciembre: Cositas mías - Compañía Joaquín Grilo (Centro Cultural Paco Rabal)

22 y 23 diciembre: Lady Macbeth​ - imPerfect Dancers Company (Teatros del Canal - Sala Verde)

22 diciembre: Baserri​ - Proyecto Larrua (Centro Comarcal de Humanidades Cardenal Gonzaga)

27 diciembre: El festín de los cuerpos​ - Compañía Danza Mobile / INcubo Teatro (Teatros del Canal - Sala Negra)

28 diciembre: Gala de danza española - ADE (Teatros del Canal - Sala Verde)

29 y 30 diciembre: Les Nuits Barbares ou les premiers matins du monde​​ - Cie. Hervé Koubi (Teatros del Canal - Sala Verde)

30 diciembre: SER - Cristian Martín (Cuarta Pared)

lunes, 23 de julio de 2018

Akram Khan: el maestro que redefinió la danza

El intérprete asombrosamente expresivo, que puede conjurar tanto la quietud como la energía giratoria, está asumiendo su último papel principal en el escenario.


Cuando Mikhail Baryshnikov felicitó a Akram Khan por la belleza de su baile, fue uno de los momentos más orgullosos pero ambivalentes de su carrera. "Misha dijo que realmente admiraba la calidad de mi quietud", recuerda Khan. "Y yo estaba como, estoy muy conmovido por esto, pero ¿qué hay de mis giros?"

Cualquier bailarín puede perder el control al pasar por alto sus habilidades de movimiento, ganadas con esfuerzo, en favor de su habilidad para no hacer prácticamente nada. Sin embargo, cuando recuerdo las tres décadas de la carrera de Khan adulto, son esos momentos cargados de quietud los que recuerdo con gran asombro. Como bailarín, podía acelerar su actuación hasta convertirse en un vórtice de energía giratoria, estampada y estroboscópica; sin embargo, en un instante, también podía cambiar a una quietud tan pura que el mundo parecía contener el aliento.

No hay duda de que su dominio de los extremos dinámicos ha convertido a Khan en uno de los bailarines más apasionantes de su generación. Sin embargo, son esos momentos zen de silencio los que hablan más profundamente del espíritu de sus actuaciones, la habilidad de Khan para comunicar, incluso al público más secular, que su baile es una forma de ritual, en contacto con fuerzas más grandes que él.


Khan absorbió este sentido del ritual a partir de su entrenamiento en kathak, el estilo clásico del Sudeste Asiático que fundamentalmente le ha formado como bailarín. Lo recuerdo en su recital como solista en 2001, Polaroid Feet, que mezclaba los ritmos de tabla con la música de percusión de sus propios y poderosos pies, produciendo una orquesta de sonidos que modulaban desde un estruendoso rap hasta un revoloteo tan delicado como un colibrí. Como cualquier virtuoso del kathak, Khan parecía poseer dos cerebros de baile separados: uno que controlaba la lógica exacta de su juego de pies, uno que permitía a la parte superior de su cuerpo flotar elocuentemente, elegante y libre. A pesar de su complexión relativamente rígida, Khan podía moverse con una ligereza de seda, sus brazos no pesaban, su torso se inclinaba y arqueaba con la elasticidad de una bailarina.

Khan ha seguido siendo fiel a sus raíces de kathak; dice que todavía ve la danza a través de la mirada del kathak. Sin embargo, cuando era niño Michael Jackson era su inspiración, de joven se entrenó en la danza contemporánea occidental, y en su película de 1999 Loose in Flight podemos ver toda la euforia con la que Khan se introducía en un nuevo terreno. Los elementos del kathak académico están presentes en su baile, pero se desmantelan en un lenguaje de gesto urbano corto, agudo y nervioso, y se desequilibran drásticamente al lanzar movimientos de break dance, rolls y caídas.

Con el paso de los años, las colaboraciones con la bailarina Sylvia Guillem y el inconformista del flamenco Israel Galván han aportado otros elementos al juego, y como un bailarín maduro, Khan se ha convertido en un maestro de un alcance asombrosamente expresivo. En su solo autobiográfico Desh (2011) parecía encarnar un libro completo de imágenes, bailando a través del caos de la vida callejera de Bangladesh, a través de conversaciones incómodas con su padre, y de los cuentos tradicionales que trataba de transmitir a su propio niño. En Until the Lions (2016) su interpretación del rey Bheeshma no se parecía a nada de lo que había bailado antes, con toda su característica fluidez de formas forzada en el andar rígido y enfadado de un solitario guerrero asediado. En Xenos Khan interpretará a un tipo de soldado muy diferente: un joven aldeano indio reclutado en la primera guerra mundial, con su mente y cuerpo tratando de dar sentido a su escala de destrucción industrial.


Si Xenos promete darnos una nueva visión de la danza de Khan, también será el último papel principal en el que lo veremos en el escenario. Continuará creando, por supuesto, y sabemos por la Giselle que creó para el English National Ballet, y por su recientemente reformado y reelaborado Kaash, que puede producir cosas maravillosas en cuerpos diferentes al suyo. Sin embargo, ver a Khan bailar su propia coreografía ha sido, para mí, uno de los momentos más destacados de mi vida como crítica. Con un talento sobrenatural, totalmente distinto, Khan se encuentra entre esos artistas de "uno en una generación" que pueden redefinir nuestra idea de lo que es o podría ser el baile.

lunes, 2 de julio de 2018

Qué es danza contemporánea

Para definir qué es danza contemporánea tendremos que valernos de algunas ambigüedades: se trata de un género alternativo y diferenciado del ballet o danza clásica. Hablamos de danza contemporánea desde la segunda mitad del siglo XX (concretamente, desde los años 60), pero estas seis décadas han dado cabida a multitud de estilos, técnicas y disciplinas.

De manera amplia, podemos decir que la danza contemporánea busca constantemente la especialidad e innovación; tanto en la forma de los movimientos, como en las historias que quiere contar, en su estilo de música o en la distribución en el espacio. La característica principal es el eclecticismo, además de que cada autor tiene su estilo individual.

Especialidad danza contemporánea, breve historia

Para entender qué es danza contemporánea y de dónde viene, tenemos que remontarnos a los Estados Unidos de finales del siglo XIX. Allí, de la mano de Isadora Duncan, surge la danza libre: se rechazan las formas clásicas del ballet, y se buscan movimientos naturales y sencillos, la improvisación y el contacto con la naturaleza.
 
Isadora Duncan

Gracias a Duncan y Loie Fuller, se impulsa el desarrollo de la danza moderna y se funda la primera escuela nacional: la Denishawn School, cuya dirección artística corre a cargo de Ruth Saint Denis. De allí surge una nueva generación de bailarines, que cambiarán para siempre el rumbo de la historia de la danza. 

Entre ellos, destacan Martha Graham y Doris Humphrey; quienes sentaron las bases de lo que hoy consideramos que es danza contemporánea. Ambas buscaban un lenguaje nuevo acorde a todos los cambios (sociales, políticos, históricos…), que estaban teniendo lugar a principios del siglo XX; y ambas coincidieron en que las técnicas del ballet no les ayudaban a expresar las formas nuevas que querían desarrollar. El principio de la técnica Graham es el binomio contracción-relajación; y en la técnica de Humphrey, el fall and recovery.


Los conceptos de la danza moderna americana llegaron a Europa a través de Francia. Nureyev, el director artístico de la ópera de París (y bailarín clásico por excelencia), comienza a organizar talleres de danza moderna para sus bailarines con Carolyn Carlson y Alvin Nikolais, entre otros.

La coreógrafa norteamericana Carolyn Carlson
Carlson introduce un mundo nuevo y descubre nuevas posibilidades a los franceses, que añadieron un toque de intelectualidad a las enseñanzas americanas. Así surge la nouvelle danse francesa, que buscaba estimular el pensamiento, proponer una reflexión mediante la danza. Maguy Marin y Dominique Bagouet son los principales impulsores de este movimiento.

La investigación de la expresión del cuerpo comenzó a extenderse por Europa. Rudolf Laban estableció su sistema de notación matemática del movimiento, que dio herramientas a Kurt Jooss, considerado fundador de la especialidad danza-teatro. Esta corriente, sumada a las teorías expresionistas alemanas, fue desarrollada por Mary Wigman.

La danza-teatro llega a su apogeo con Pina Bausch, una de las creadoras más importantes de finales del siglo XX y que ha influido en la mayoría de las producciones de danza actuales. Pina experimenta con el movimiento de manera más radical que sus predecesores. En sus propias palabras: “No me interesa cómo se mueve la gente, sino lo que les mueve”.


En la década de los 60 surgió el postmodernismo (que no hace referencia al movimiento modernista sino a la danza moderna). Entre sus figuras, cobra especial importancia el trabajo del coreógrafo Merce Cunnigham, que cuestionó incluso el rol de coreógrafo y su control sobre la obra acabada. Con la llegada del postmodernismo, la experimentación se vuelve radical en todas las artes, con el lema “anything goes“ (todo vale).

Estos principios postmodernistas contribuyen a la explosión de una nueva corriente de danza en los Países Bajos, la escuela holandesa, que culmina con la creación del Nederlands Dans Theatre. Su director, Hans Van Manen, creó los primeros pasos a dos para bailarines masculinos, cuestionando así el género y otras formas establecidas del ballet clásico. Van Manen y Jirí Kylián encabezaron la nueva danza holandesa, incorporando en sus coreografías elementos de la danza moderna y clásica.

Anne Teresa de Keersmaker es otra figura primordial para entender qué es la danza contemporánea. Alumna de Mudra (la escuela fundada por Maurice Béjart), Anne pensaba que sí se pueden crear coreógrafos, si se les dan las herramientas adecuadas. Es por ello que funda en Bélgica la escuela P.A.R.T.S. que aceptaba no solo a alumnos provenientes del mundo de la danza, sino también a psicólogos, actores… Sus alumnos crearon un lenguaje nuevo, no contaminado, que reactivó el panorama de la danza europea.

De igual forma, el teatro londinense Sadler’s Wells sirvió para impulsar la danza contemporánea en el Reino Unido. En 1998 se convirtió en un centro dedicado a la danza, que ofrece residencias artísticas para quienes tienen un proyecto coreográfico, además de trabajar para incentivar la danza entre la gente joven y el interés de las instituciones. En sus escenarios aparecen con frecuencia artistas como Akram Khan, Matthew Bourne o DV8.


La danza contemporánea en España

En España la danza contemporánea tuvo un desarrollo tardío, debido en parte a la Guerra Civil. Durante los 40 años de la dictadura franquista España estuvo aislada. Mientras, en Estados Unidos triunfaban Martha Graham y Merce Cunnigham, y en Alemania se desarrollaban las teorías expresionistas.

Con la muerte de Franco llegaron el cambio y la modernidad. Entre otros, son nombres imprescindibles de la danza contemporánea en España Sol Picó, Marina Mascarell, Marcos Morau (La Veronal), La Ribot, la compañía de danza de Carmen Werner, Daniel Abreu, Teresa Nieto o Sharon Fridman.


Sería imposible nombrarlos a todos, pero sí podemos decirte dónde está la creación coreográfica del presente y del futuro.

Cómo distinguir qué es danza contemporánea

Si la danza contemporánea integra multitud de técnicas, entonces, ¿cómo distingo un espectáculo? Te vamos a dar algunas pistas.

Si el espectáculo es de ballet clásico, las historias y las coreografías están establecidas, así como el vestuario. Las chicas llevan tutú y los hombres medias; ellas bailan en puntas y en ocasiones ellos las sujetan en brazos mientras hacen piruetas. La danza contemporánea, por su parte, no tiene por qué tener una historia, puede intentar expresar un concepto, un sentimiento, o simplemente investigar el movimiento, para huir de lo conocido. Mientras que el ballet clásico se asocia con la estilización y lo apolíneo, la danza contemporánea estaría relacionada con el caos y lo dionisíaco. Otra pequeña pista: a menudo en danza contemporánea los bailarines van descalzos.

Por ejemplo: El lago de los cisnes es un ballet clásico, en este caso interpretado por el Ballet Nacional de Cuba, a partir de la coreografía de Marius Petipa y Lev Ivánov con música de Tchaikovski.


Y en 1995, el coreógrafo británico Matthew Bourne estrenó su versión, con la misma música y trama, pero con danza contemporánea. ¿Una curiosidad? Esta es la pieza que se ve al final de Billy Elliot.


Si el espectáculo es de danza neoclásica, también verás pasos de ballet y puntas, pero la escenografía ya no es tan evidente, el vestuario tampoco está codificado, y los movimientos son mucho menos rígidos. Como su propio nombre indica, la danza neoclásica reinventa el ballet clásico.


¿Por qué no es danza contemporánea, entonces? En danza contemporánea el movimiento surge desde dentro, es mucho más visceral, y necesita fluir libremente… Para contar la misma historia de Romeo y Julieta, podríamos utilizar por ejemplo el breakdance!
 
‘Romeo y Julieta’ en la versión de Kingwings y el Ballet de Oslo.

Parece más fácil saber qué es danza contemporánea cuando lo comparamos con la especialidad danza española o la especialidad flamenco, ¿verdad? Si bailan siguiendo un compás y con taconeos, no es danza contemporánea… 

Pero ¿y si la música es el propio cuerpo del bailaor? En la danza contemporánea, el uso de la música es opcional. Así que en este caso, hablaríamos de flamenco contemporáneo.


Como decíamos, es difícil definir qué es danza contemporánea ya que sus técnicas y coreografías están en constante evolución. Pero podemos darte un consejo: la mejor forma de convertirte en un experto, pasa por ser un ávido espectador. 

Fotos: Jaime Villanueva / Dominio público / Caroline Bayet / Erik Berg

lunes, 18 de junio de 2018

Contemporáneo Contact

Para entender mejor este tipo de movimientos siempre es lo mejor remontarse a sus orígenes. Y esto nos va a llevar a hacia un hombre. Un bailarín. Su nombre es Steve Paxton.

Steve Paxton es conocido como el creador del Contact Improvisation. Este bailarín estadounidense pertenecía al campo de la danza moderna, y junto con otros bailarines comenzaron a investigar la danza como medio de comunicación por el contacto. Como una práctica para restaurar el lazo social roto y para demostrar que era posible comunicarse con el otro por medio del contacto, de la piel. Para demostrar que era posible que el otro recaudara información del estado de su compañero bailarín por el simple hecho de mantener un contacto continuo, fluido, del cual surgiera una “pequeña danza”. Con respecto a esto Paxton decía que “la piel es la mejor fuente de imágenes, ya que trabaja en todas las direcciones a la vez”.

Esto se fue gestando por allá, a mediado de los años sesenta, en Estados Unidos. De esos años de los cuales conocemos los movimientos políticos y sus consecuencias de rebelión. En la música, el apogeo del Rock´n Roll, y sus consecuencias. En lo social, fueron esos años de “Amor y Paz”, que todos conocemos. Pero ¿en la danza?. Pocos conocemos que en la danza también hubo rebeliones, y que un grupo de gente liderada por un hombre llamado Steve Paxton decidió también poner su granito de arena en los movimientos “rebeldes” de la época, y de lo cual surgió esta Danza de Improvisación en Contacto. De hecho, fusionaron sus conocimientos en danza moderna con técnicas de Aikido y Tai Chi Chuan. De ahí la opinión de muchos que observan bailar contact de que es mitad danza y mitad arte marcial.

Este grupo de gente trató hasta de quebrantar leyes naturales. Se rebeló contra nuestro gran Newton. Contra su Ley de Acción y Reacción. La esencia de su improvisación reside en descubrir que es posible superar esta tercera Ley de Newton descubriendo que para cada acción ejercida por un cuerpo existe no solo una reacción igual y opuesta en el otro cuerpo sino que para cada acción son posibles varias y diferentes reacciones iguales y opuestas. Entonces, cuando una manzana cayó sobre su cabeza, Isaac Newton se inspiró para describir las tres leyes del movimiento. Muchos años después un grupo de personas investigaría como se siente ¡ser la manzana!


Por eso es que podemos destacar cuatro elementos técnicos básicos en el Contact.: caídas, inversiones, giros y apoyos. Y en lo que se refieres a las bases perceptivas que son igual o más importantes: equilibrio, tacto y visión periférica.

Elementos técnicos característicos:

  • Los apoyos se basan en la recepción y donación de peso entre las zonas corporales más variadas.
  • Las caídas se describen como transferencias verticales de peso entre distintas zonas o del cuerpo del compañero al suelo; así, las caídas bien hechas transforman el momentum vertical en desplazamiento horizontal.
  • Los giros, en tanto movimientos continuos, permiten enlazar los distintos apoyos en torno al cuerpo del otro como eje.
  • En las inversiones se producen cambios de referencia postural con pérdida del contacto de los pies con el suelo.

Las bases perceptivas: 

  • El equilibrio implica un ajuste permanente de los receptores situados en el oído así como en las articulaciones. En este caso, a diferencia de otras técnicas de movimiento, el equilibrio es siempre relativo a la parte del cuerpo que soporta el peso, ya se trate del pie, del hombro, de la espalda o de la cabeza.
  • El tacto es uno de los sentidos claves que se utilizan en el Contact; "La piel es la mejor fuente de imágenes porque trabaja en todas las direcciones a la vez". Los bailarines utilizan el tacto para comunicar informaciones sobre su estado y el contacto con el suelo permite a cada pareja tomar conciencia del peso. Solo hay que respetar una regla: las manos no pueden utilizarse para establecer el contacto.
  • La visión periférica nos permite situarnos y reorientarnos constantemente respecto del exterior.

Para favorecer este funcionamiento perceptivo se incide en el interés de la relajación como un estado que ayuda a la adquisición de la plena conciencia, pues la tensión tiende a enmascarar la sensación.

Paxton se refiere a agujeros de conciencia -se podrían corresponder con las fases ciegas o pérdida de figuras descritas en otras actividades acrobáticas como momentos en los que se desvanece la conciencia, como si lo que ocurre fuera demasiado rápido para el procesamiento mental. Así, el espacio se atraviesa normalmente con la cabeza elevada y con impresiones visuales constantes; de hecho, la línea que marca el horizonte es la primera referencia para nuestra orientación y cuando las referencias visuales cambian demasiado rápido para que nuestra conciencia pueda comprender el cambio y adaptarse (como en las piruetas o los volteos), se producen agujeros de conciencia.

Es preciso tener en cuenta, además, que en el Contact los requerimientos perceptivos propios de la actividad acrobática -constante adaptación sensorial a los giros y a la inversión- se acentúan en la medida en que existe una total imprevisión respecto del movimiento que se va a realizar. En esto se diferencia precisamente el Contact de otras actividades acrobáticas de contacto, se desafía constantemente la orientación visual, direccional, de equilibrio y concerniente al lugar de la conciencia en el cuerpo.

Y aunque parezca muy fácil, libre y bonito, la mayoría de las veces el proceso de aprendizaje en el Contact es lento. ¿Porqué?. Los docentes de esta danza nos enfrentamos siempre a la misma piedra: el lento proceso de adaptación de las personas al CONTACTO FÍSICO y a la utilización del CUERPO DEL OTRO como medio físico para el propio movimiento.

Somos personas. Y como tales, estamos programados. Para No Tocar, para No Caer, para no Dejarnos Ser. La buena noticia es…que luego de superada esta piedra, la sensación es fenomenal, inexplicable. Y termino esta nota con palabras del propio Steve Paxton cuando en una entrevista le fue preguntado si el Contact era una práctica espiritual y que función tiene en la sociedad. He aquí su respuesta: “Toda danza es una práctica espiritual (debido a la conciencia momentánea). Es por esto que la iglesia ha expulsado la danza como arte religioso acreditado. Más allá de que sea o no una práctica espiritual, es un juego que requiere dos personas para ganar. Habiendo comenzado en centros urbanos intervino en la alterada vida física de los habitantes/prisioneros. Propagándose, llenó el vacío impuesto por la sociedad. La sociedad tiene la necesidad de influenciar el cuerpo físico de sus miembros. Desatado el nudo de regimentación y reglamentación, se libera un potencial antiguo, periférico, desconocido, impenetrable y familiar.

lunes, 4 de junio de 2018

Los 10 mejores consejos de Gaby Diaz para mejorar tu versatilidad en el baile

"So you think you can dance", ganadora de la temporada 12 (¡y ganadora de la 14ª temporada del All Star!) Gaby Diaz es una superpotencia del baile. Puede actuar con un nivel altísimo en cualquier estilo, desde el claqué hasta el jazz, pasando por el contemporáneo y el hip hop. ¿Quieres mejorar tu versatilidad en el baile? Díaz se tomó un descanso de los ensayos de Shaping Sound para darnos sus 10 mejores consejos para hacerlo.

Mantén tu mente abierta

No seas esclavo de las tendencias de baile. Tienes que estar dispuesto a probar cualquier cosa. "Los estilos que ves en Instagram pueden ser lo que consideras popular, pero hay un montón de excelentes estilos y excelentes profesores, así que mantén la mente abierta", dice Díaz.

Toma muchas clases

Esta es una obviedad: si quieres convertirte en un bailarín versátil, debes "tomar tantas clases en tantos estilos diferentes como puedas", dice Díaz.

Encuentra tu propio ritmo

"Sé fiel a ti mismo en todas las clases a las que vayas", dice Díaz. "Yo siempre estuve muy cohibida en las clases de ballet porque no era necesariamente como el tipo de bailarina clásica. Tan pronto como acepté quién era yo en esa clase, me pareció mucho más agradable".

No compararse con los demás

Cuando trabajas en un estilo desconocido, otros en tu clase probablemente estarán más avanzados que tú, pero no dejes que eso te desanime. "Inspírate con las personas que te rodean, en lugar de separarte pensando que no eres como ellos", dice Díaz.

Encuentra un nuevo puesto en el aula

"Solía ser obsesiva con mi sitio en la barra de ballet, y descubrí que estaba reviviendo la misma clase de ballet una y otra vez cuando estaba allí parada", dice Díaz. "¡Encuentra un nuevo sitio en el aula! Podría darte una nueva energía a tu baile".

Investiga en tu danza

En lugar de pasar horas mirando a tus bailarines contemporáneos favoritos en Instagram, busca estilos nuevos para ti. "Puedo tener una relación de amor-odio con Internet, pero definitivamente es una gran herramienta para poder explorar una gran cantidad de diferentes tipos de baile", dice Díaz.

Encuentra varios modelos

Es importante no solo tener un modelo versátil como Diaz, sino también encontrar modelos a seguir en cada estilo de baile. "Me gusta jugar al juego '¿Quién era su maestro?'", dice Díaz. "Si conozco a una bailarina que realmente amo, le pregunto quién era su maestra, y luego investigo a su maestra y sigo la cadena".

Dalo todo en cada clase

Nunca des menos del 100 por ciento, especialmente en clases que no son tu fuerte. "Una cosa es presentarse físicamente a la clase, pero concéntrate en ello como lo harías con un estilo que conoces y con el que te sientes cómodo", dice Díaz.

No te frustres

"No tienes que hacer todo perfecto en tu primera clase", dice Díaz. "El objetivo de la clase es aprender durante un período de tiempo. Siéntete bien con la sensación de incomodidad, porque así es como creces".

Simplemente divértete

No importa qué desafiante pueda ser aprender múltiples estilos, recuerda pasar un buen rato. "Siempre hazlo por amor", dice Díaz. "¡Simplemente divertiértete!" 

Escrito por: Gianluca Russo

lunes, 16 de abril de 2018

6 bailarinas superiores de danza contemporánea del siglo XX


Isadora Duncan (1877-1927)

Duncan es una de las bailarinas más reconocidas en la historia de la danza contemporánea. Rompió con las reglas de la danza clásica, los movimientos, los pasos, las posiciones y todo lo que estaba establecido hasta ese momento.

Esta bailarina destacó por su innovación y por crear su propio estilo, es por eso que se le conoce como la madre de la danza moderna. En sus obras e interpretaciones se inspiraba en la cultura griega.

Su base era crear movimientos naturales, expresar desde dentro y no tener que seguir con los que dictaban hasta entonces.


Martha Graham (1894-1991)

Martha Graham es otra de las bailarinas más importantes en este tipo de danza. Fue bailarina, coreógrafa y profesora de danza y entre estas diferentes etapas desarrolló movimientos provenientes de la emoción.

Creó una danza moderna diferente, movimientos de contraer y soltar. Como ya hemos dicho, sus movimientos venían de sus emociones, cortantes, angulares…

Hoy en día, en Estados Unidos aún existe la academia de baile de Martha Graham, la más antigua del país.


Katherine Dunham (1909-2006)

Bailarina y coreógrafa estadounidense. Creó una academia de danza en Estados Unidos donde todos los alumnos eran afroamericanos. Dunham es conocida como la madre de de la danza moderna africano-americana.

Originalmente era bailarina de danza clásica, cuando empezó a descubrir la cultura africana, añadió movimientos tanto en la danza clásica como en la moderna.

Cabe decir que la técnica de Katherine Dunham sigue en pie hoy en día y es uno de los fundamentos más importantes en la danza moderna de Estados Unidos.


Mary Wigman (1886-1973) 

Bailarina alemana y una de las más importantes en la historia de Europa. Wigman enseñó que no existen movimientos bastos o feos sino que los movimientos que dejas salir de tu cuerpo es la representación gráfica de tus emociones y sentimientos.

Su filosofía de danza sigue teniendo una gran influencia en Europa y también en América junto con Hanya Holm con quién estudió en una academia.


Hanya Holm (1893-1992)

Hanya Holm, natural de Alemania, estudió con Mary Wigman. Se mudó a Nueva York donde estudió más a fondo la técnica de Wigman.

Esta bailarina enfatizó los movimientos de la espalda y el torso y su base era la improvisación. Según Holm, era más importante lo que un bailarín expresaba con su cuerpo que lo que dictaban las normas de la danza.

Sus trabajos fueron destacados, su obra Metropolitan Daily fue la primera coreografía de danza moderna que se retransmitió por televisión y fue una de las coreógrafas de los musicales de Broadway.


Doris Humphrey (1895-1958)

Humphrey es una de los “Big Four”, los cuatro grandes bailarines que establecieron los fundamentos de la danza moderna norteamericana.

Creó coreografías basadas en los sucesos del momento. Junto Charles Weidman, fundó una compañía de danza moderna que llevó sus obras por todo el país estadounidense.

Actualmente aún se estudian, por todo el mundo, las coreografías de esta bailarina.


miércoles, 28 de marzo de 2018

La bailarina del futuro. De Isadora Duncan a Joséphine Baker

Aunque en Flow nos vamos unos días de vacaciones, queremos dejaros esta recomendación cultural para que quienes estéis por Madrid estos días podáis seguir conectados con la danza.

La bailarina del futuro. De Isadora Duncan a Joséphine Baker
Exposición en Espacio Fundación Telefónica


Un proyecto expositivo que nos sumerge en las figuras revolucionarias de la danza moderna a través de siete coreógrafas y bailarinas: Isadora Duncan, Loïe Fuller, Joséphine Baker, Tórtola Valencia, Mary Wigman, Martha Graham y Doris Humphrey. La muestra reivindica así el papel de estas pioneras históricas que creyeron en la necesidad de crear nuevas formas de expresión y de liberar el cuerpo femenino enfrentándose a las convenciones sociales y al rígido canon del ballet romántico.

Siete mujeres bailarinas y coreógrafas del siglo XX creyeron en la necesidad de crear nuevas formas de expresión y de liberar el cuerpo femenino enfrentándose a las convenciones sociales y al rígido canon del ballet romántico. Isadora Duncan, Loïe Fuller, Joséphine Baker, Tórtola Valencia, Mary Wigman, Martha Graham y Doris Humphrey sentaron las bases de la danza moderna gracias a su creatividad, su revolucionaria puesta en escena y su estilo de vida transgresor.


Espacio Fundación Telefónica presenta ‘La bailarina del futuro. De Isadora Duncan a Joséphine Baker‘ –del 23 de marzo al 24 de junio de 2018, en la cuarta planta– un nuevo proyecto expositivo en la línea ya iniciada años anteriores, basada en el deseo de presentar la modernidad a través de figuras que contribuyeron a su invención. Una exposición que reivindica el papel de estas mujeres pioneras y presenta la danza del cambio de siglo como una forma de arte nuevo.

La muestra, comisariada por María Santoyo y Miguel Ángel Delgado, ha contado para la elaboración de los contenidos con el asesoramiento de la Doctora en Filosofía por la UCM y experta en teoría de la danza Ibis Albizu y con la participación de la bailarina profesional Agnès López Río, que recrea a lo largo de la muestra los movimientos más conocidos de estas bailarinas a través de una experiencia audiovisual envolvente.

A través de recursos museográficos tradicionales e instalaciones audiovisuales de carácter escenográfico, el proyecto expositivo presenta siete espacios experienciales que corresponden a estas siete figuras, partiendo de Isadora Duncan, la precursora e iniciadora de esta revolución en el mundo de la danza.

Isadora Duncan

Isadora Duncan (San Francisco, EE.UU, 1877 – Niza, Francia, 1927). Pionera y visionaria; la primera en cuestionar el ballet clásico. Su creatividad, su revolucionaria puesta en escena y su estilo de vida causaron un profundo impacto en sus contemporáneos.

Fue la inspiradora del resto de protagonistas de la muestra, un mito que impulsó la posterior formulación de la danza como un lenguaje específico de vanguardia. Duncan contrapuso un movimiento sinuoso, fluido, orgánico y libre a la estructura geométrica del ballet y rechazó así la verticalidad y el encorsetamiento. Sus fuentes de inspiración fueron el oleaje marino, que ella recreó en los escenarios, y las figuras de las cerámicas griegas. De ellas, tomó algunas de sus fórmulas más revolucionarias: los pies descalzos, las túnicas, el fondo neutro y las poses extáticas de las danzas dionisíacas. Otros de sus referentes fueron también la poesía de Walt Whitman o la pintura de Sandro Botticelli. Aunque apenas hay registros ni gráficos ni audiovisuales de su danza, su icónica forma de bailar quedó recogida en escritos, reseñas, críticas teatrales, representaciones de artistas plásticos y a través de sus discípulas, las Isadorables. La exposición recoge además una selección de una secuencia de acuarelas del pintor modernista americano Abraham Walkowitz que representan los movimientos de baile de Duncan.

La escena popular: Loïe Fuller, Tórtola Valencia y Joséphine Baker

Este ámbito está dedicado a tres representantes del ambiente libre de la escena popular: Loïe Fuller, Tórtola Valencia y Joséphine Baker. Bailarinas de enorme popularidad en su época, que sacudieron clichés y rompieron tabúes sexuales con bailes como el cabaré o el charleston, y que llegaron a influir en los ambientes más académicos.

Este apartado muestra un extracto de la película “La Bailarina” de Loïe Fuller (Fullersburg, EE.UU, 1862 – París, Francia, 1928), cuya danza se vio influenciada por las leyes de la refracción de la luz y todo tipo de luminiscencia. En una visita a la Catedral de Notre Dame de París quedó embelesada por los colores que las vidrieras efectuaban sobre su vestido. Así empezó su interés por comprender las leyes de la ciencia y su relación con destacados científicos como Camille Flammarion o el matrimonio Curie. Sus hallazgos fueron aplicados en espectáculos en los que usaba la luz eléctrica de una forma nunca vista antes. Joséphine Baker (San Luis, EE.UU, 1906 – Paris, Francia, 1975) la reina del charleston o también conocida como la “Venus de Bronce”, revolucionó el mundo de la danza en los años 20 con una danza salvaje, basada en saltos enérgicos atrevidos, mímica, torso desnudo y contorsiones violentas. En febrero de 1930, debutaba en Madrid en el ya desparecido teatro Gran Metropolitano. En la misma época en que la española Tórtola Valencia (Sevilla, 1882 – Barcelona, 1955) embrujaba al público con el exotismo de la danza oriental que empezaba a imperar en los teatros cultos y populares de Europa y Estados Unidos. Los bailes de ambas se reflejan en la muestra con carteles originales de sus espectáculos, recortes de prensa, fotografías e indumentaria que usaban en sus representaciones.

Expresionismo: Mary Wigman

La alemana Mary Wigman (Hannover, Alemania, 1886 – Berlín, 1973) protagoniza esta sección que analiza la relación entre la bailarina y coreógrafa con el expresionismo alemán y la máscara, símbolo de los temores de la sociedad europea de entreguerras.

Wigman creía en una danza total sin ataduras, en la que daba protagonismo además a la fuerza del movimiento de las manos y a la presencia del suelo. También dada su estrecha vinculación con el movimiento expresionista alemán “Die Brücke” era fácil ver en sus montajes la influencia entre las artes escénicas y la danza, sobre todo, en el diseño de vestuario, coreografías o escenografías. El espacio dedicado a la única bailarina europea en la muestra está centrado en la pieza coreográfica “La danza de la bruja” (1914) y la máscara ceremonial, que mandó crear influida por los teatros Noh y Butoh japoneses. Además de una instalación con 12 máscaras, una de ellas original del teatro Noh, se exhibe material gráfico que muestra la relación entre la alemana y Rudolf von Laban, autor del método de notación coreográfica de mayor implantación en la actualidad, que ambos contribuyeron a desarrollar y que buscaba liberar a las bailarinas del yugo de cualquier otro tipo de expresión artística. Una instalación interactiva permitirá al público realizar su propia coreografía y verla traducida en una partitura gráfica en tiempo real, mediante los símbolos que conforman el sistema de notación Laban.

Martha Graham

El siguiente espacio está dedicado a Martha Graham (Pittsburgh, EE.UU, 1894 – Nueva York, 1991), creadora de un lenguaje coreográfico autónomo, capaz de comunicar toda pasión esencial y que sigue vigente en la educación de cualquier bailarín contemporáneo.

Su método sitúa el centro del cuerpo en el plexo solar y está basado en la contracción y expansión del movimiento pélvico. Cada gesto de sus coreografías tiene un significado preciso que apela a las emociones, cargado de teatralidad, introspección y solemnidad.

Una gran instalación audiovisual, inspirada en la cita en la que denomina a los bailarines “atletas de Dios”, centra este espacio. Seis pantallas, que simulan un friso olímpico, recrean seis movimientos repetidos en secuencia que corresponden a seis pasiones: Alegría, Tristeza, Ira, Miedo, Amor y Deseo. Graham creía que la danza era el método idóneo para la expresión de los arquetipos, término acuñado por el psicoanalista Gustav Jung para aludir a imágenes y temas que forman parte del subconsciente de la humanidad y que sirven para alimentar las leyendas y mitos de las culturas. Graham fue la más intelectual y la que tuvo más influencia en la siguiente generación.

Doris Humphrey

El último apartado lo protagoniza la coreógrafa Doris Humphrey (Oak Park, EE.UU, 1895 – Nueva York, 1958), revolucionaria por acabar con la verticalidad en la danza y por apostar por la gravidez y poner así en valor la atracción del cuerpo del bailarín hacia la tierra.

Es la primera en romper con la estructura jerárquica y piramidal de la prima ballarina e imponer movimientos basados en la horizontalidad del grupo.

Una triple instalación audiovisual recrea la caída del cuerpo controlada y juega con el control del equilibrio y el desequilibrio, lo estático y el movimiento, mostrando así el concepto que Humphrey denominó Kinestesia.

En esta instalación podrán verse tres representaciones temporales de la caída: la de Humphrey y, en las otras dos pantallas y representadas por la bailarina profesional, Agnès López Río, una improvisación del mismo movimiento en presente y otra con una línea más futurista.