viernes, 14 de diciembre de 2018

Carlos Acosta: la increíble historia del futbolista bailarín que no quería bailar

Bailando break dance callejero y soñando con ser futbolista en un barrio marginal de La Habana, Cuba, llamado Los Pinos: así pasó su infancia Carlos Acosta, el primer bailarín negro en interpretar a un Romeo y cuya historia cuenta Icíar Bollaín en «Yuli». Pero su padre –un camionero de origen esclavo– tenía otros planes para él. Para que huyera de la violencia y los trapicheos, le obligó a ir a la escuela elemental de ballet con apenas nueve años. Dos autobuses y un madrugón parecían ser la única consecuencia que le traería este nuevo «hobbie»; sin embargo, Acosta comenzó a meterse en peleas con aquellos que lo llamaban «maricón» y dejó de ir a clase. Las continuas faltas y alguna que otra indisciplina hicieron que el cubano fuese expulsado del colegio, algo que a su padre no le sentó bien. La expulsión desencadenó una fuerte pelea padre-hijo que terminó con una paliza a un Carlos Acosta que fue internado en una escuela de artes en la provincia de Pinar del Río.


Carlos Acosta ya sabía lo que era sufrir la división racial en su propia familia, y lo seguiría viendo en las diferentes compañías en las que trabajaría. La parte materna era blanca; es decir, podían ir a la playa de Varadero y tenían pasaporte. Sin embargo, ni él ni su hermana Marilín tenían acceso a esos privilegios por ser hijos de Pedro Acosta, un hombre de carácter difícil y orgulloso de su origen esclavo que les inculcó que por su condición de negros y pobres tendrían que esforzarse y luchar el triple que los demás. Y así fue. Por «suerte» para Acosta, el estar alejado de su familia le dio la rabia y la pasión que necesitó para entregarse en cuerpo y alma a la danza. Cada miércoles, los alumnos de la academia recibían la visita de sus familiares. Le traían comida y materiales para las clases; sin embargo, Acosta siempre pasaba el día solo. A él no iba a verle nadie.

Este bailarín cubano fue el encargado de romper con la idea de que los bailarines de ballet tienen que ser «príncipes blancos y rubios»; es decir, que lo que importa es la capacidad y el esfuerzo, no la raza. Con apenas 16 años, ganó la medalla de oro en el Grand Prix de Lausanne. Dos años después pasó a formar parte del English National Ballet, contando con el apoyo del gobierno cubano. «Nunca tuvo demasiado problema para salir del país», comentó Icíar Bollaín durante el rodaje en el Teatro del Canal. También estuvo en el Ballet Nacional de Cuba, pero, al no sentirse valorado, decidió cambiar de compañía y estuvo en el Houston Ballet como figura principal o en el American Ballet Theatre. Hasta 1998, cuando recibió una prometedora llamada de Anthony Dowell, entonces director artístico del Royal Ballet.

El exbailarín quería que se incorporase a su equipo y lo hizo. Allí desarrolló la parte más destacada de su carrera, y fue en el Royal Ballet donde consiguió protagonizar «Romeo y Julieta», un papel que había sido reservado hasta entonces para bailarines blancos y con el que conquistó al público. Trabajó con ellos como miembro permanente hasta 2003, año en el que pasó a ser actor principal invitado. Esta posición, además de reducir su comportamiento con el Royal Ballet, le permitió aumentar sus apariciones internacionales. Aun así, Acosta continuó su relación con la compañía hasta noviembre 2015. Fue entonces cuando se despidió de esta etapa con una coreografía propia de Carmen, que bailó con la española Tamara Rojo, en el escenario del Royal Opera House.


Ahora, Acosta vive con su esposa y sus tres hijas en una hermosa casa de Siboney. No muy lejos, en La Habana, tiene su propia academia de danza, donde forma a los futuros miembros de su agrupación. Lo hace tras haberse «reconciliado» con su pasado al escribir «No way home» (2006), el libro en el que reveló las idas y venidas de su increíble carrera. Una novela difícil de escribir, que inspiró al guionista Paul Laverty para escribir el guion de «Yuli», la película que dirige Icíar Bollaín.

La directora define esta película, producida por Morena Films y BBC, como un filme «opuesto a Billy Elliot», ya que las historias que se muestran en la gran pantalla suelen contar la vida de un niño que quiere bailar y al que su familia no le deja, pero aquí es al revés. «Su biografía recorre los últimos 30 años de la isla, cómo parte de su familia se fue a Miami y la otra se quedó, o cómo volvió con el 'periodo especial'», recuerda. Pero no es un biopic al uso. «La historia está rota, dividida en dos mundos. En uno está Carlos Acosta en el presente en La Habana ensayando con su compañía un espectáculo –que comparte nombre con la película– en el que recorre su vida coreografiada por María Rovira y que ha sido inventada para la película. Pero es en ese teatro en el que él está bailando esos momentos de su vida, cuando se va al pasado y nos vamos a la ficción», cuenta.

Cuba tiene un papel importante en «Yuli». Sin embargo, se trata de una historia personal de alguien que tuvo una relación buena con su país. «Se benefició de las oportunidades que se les daba a los artistas de crecer, aun viniendo de barrios humildes. Y él le devolvió el favor al retornar a La Habana primero con el Royal Ballet y luego creando su propia compañía», matiza.

Con acento español

Bollaín rodó «Yuli» en La Habana, Londres y Madrid. La directora se muestra meticulosa en el rodaje. Busca la perfección en cada plano así que no duda en repetir la escena una y otra vez, exigiendo un esfuerzo titánico a Kevin Martínez, el encargado de interpretar a Carlos Acosta en su juventud.

Para esta película, Icíar Bollaín se ha rodeado de profesionales españoles para asegurarse de que hasta el más mínimo detalle de esta historia esté cuidado. Álex Catalán, que dio luz a la desolación de los últimos españoles en «1898: Los últimos de Filipinas» o que puso color a la transición española en «La isla mínima», se asegura de que reluzcan los saltos de las tres versiones de Carlos Acosta que veremos en el filme de la madrileña. Mientras que Alberto Iglesias, compositor de las bandas sonoras de películas como «Hable con ella» o «Julieta», ha hecho lo propio con la música.

Rompiendo barreras

Al igual que Carlos Acosta ha cambiado los prejuicios que existían en el ballet, Bollaín también ha hecho lo propio en el cine. La madrileña es una de las tres únicas mujeres que han ganado el Goya a la mejor dirección. Aún así, la representación femenina en el mundo cinematográfico no es el que le gustaría. «Cuándo yo estrené ‘Hola, ¿estás sola?’ hace 20 años, entramos en el cine más de 30 mujeres y pensamos que ya estaba solucionado, pero ha pasado el tiempo y no llegamos a ser más del 10%, entonces, ¿qué hacemos?», reflexionaba Bollaín sentaba en una butaca del Teatro Canal.

lunes, 26 de noviembre de 2018

Festival Madrid en Danza 2018


La danza en todas sus particularidades y estilos debe estar precedida de dos propósitos fundamentales: rigor y entrega. Este pronunciamiento lleva implícito la calidad, la innovación y esa poesía del movimiento, esa belleza a la que muchas veces no sabemos dar un nombre. La danza, de todas las expresiones artísticas, es la que posee mayor capacidad comunicativa por encima de cualquier barrera, desde la idiomática hasta la geográfica. Un cuerpo, dos cuerpos, aun viniendo de las Antípodas, son capaces de entenderse, comunicarse y expresarse a través del movimiento danzado. Madrid en Danza 2018 se mantiene fiel a esta filosofía y continúa en la senda de ser un festival prismático, abierto y cosmopolita, de servir de plataforma en forma de crisol, de unir en su programa desde el ballet académico y clásico más ortodoxo a las formas más actuales de la danza contemporánea y el teatro físico. No hay más limitación que la que ponga nuestro intelecto. Madrid en Danza es una celebración del Arte con mayúsculas.

Es verdad que seguimos viviendo una época nada fácil; puede decirse que convulsa en todos los ámbitos de la vida, de la política a la economía, de lo social a lo cultural. La danza no vive de espaldas a todo eso, sino, muy al contrario, responde con lo mejor de su expresión artística y así se hace presente, necesaria, y nos atrevemos a decir que imprescindible. Bailamos para reafirmar nuestro lugar en el mundo y en la vida.

El programa 2018 de nuestro festival, que será en diciembre, trae tres semanas de espectáculos cuidadosamente seleccionados y algunos de ellos concebidos especialmente para la ocasión. Hemos exprimido los recursos hasta obtener una oferta sólida, compacta y amena, que sea una respuesta acorde a la fidelidad que ha demostrado el público en estos años. Del Ballet Nacional de China a Hervé Koubi y sus Noches bárbaras, de Kukai Dantza a imPerfect Dancers Company. A esas prestigiosas compañías de éxito debemos sumar apuestas que parten de individualidades de gran magnetismo, como son The Great Gatsby Ballet con Denis Matvienko, una de las más dinámicas estrellas internacionales del ballet de hoy. Lo mismo sucederá con la danza española y el flamenco, con nombres señeros que encabezan el cartel -Eduardo Guerrero y Joaquín Grilo- y con la presencia de jóvenes pujantes que buscan su sitio desplegando su talento, como Marco Flores y Cristian Martín Cano.

Otras aportaciones que no debemos dejar de mencionar son el Ballet British Columbia, que dirige Emily Molnar y que trae, entre otras obras, una de Cayetano Soto y otra de Crystal Pite, la gran revelación como coreógrafa de la actualidad mundial; la compañía Danza Mobile con El festín de los cuerpos; la agrupación Resodancer con un programa mixto de coreografías de Shi Pratt, Guy Shonroni y Yaniv Abraham; el Proyecto Larrua, liderado por Jordi Villaseca, e imPerfect Dancers, que ofrecerán una revisión propia de Lady Macbeth, con la dirección coreográfica de Walter Matteini e Ina Broeckx. Se completa el aporte de las compañías españolas con LaMov, de Zaragoza, que fundó y dirige el coreógrafo y bailarín Víctor Jiménez desde 2008, que acerca al festival la creación Terrenal, con música de Mozart y Jorge Sarnago.

Este año 2018 se celebra en todo el mundo el 200 aniversario del nacimiento de Marius Petipa, sin duda, el coreógrafo más grande todos los tiempos y eje estético de la mejor herencia del ballet universal. Su huella y su prodigiosa creatividad siguen presentes y vivas hoy. Madrid en Danza contribuye a tan importante efeméride con una gala de artistas rusos, primeros bailarines de las principales compañías de aquel país, donde Marius Petipa desarrolló toda su madurez y su carrera artística y donde murió a los 92 años, después de haber legado obras maestras que se siguen bailando hoy, como La bella durmiente, Raymonda, La Bayadera o El lago de los cisnes.

Recientemente se ha puesto en marcha la Academia para la Difusión de la Danza Española, cuyo principal propósito es obtener la denominación de la Danza Española como un bien patrimonial y público de gran importancia. Para reforzar y respaldar esta idea, Madrid en Danza nos ofrece una gala de presentación que reunirá piezas de repertorio desde la escuela bolera hasta la danza estilizada y el clásico español, con el aporte de nuestros mejores coreógrafos y bailarines tanto históricos como actuales.

Como acto colateral excepcional, llevaremos la danza a las salas del Museo del Prado con un variado grupo de artistas como Mattia Russo, Antonio de Rosa, Fabrice Edelman, Allan Fallieri y Javier Monzón, con el colofón de una muy escogida pincelada testimonial de la danza española: tres bailarinas acompañadas por cuerdas harán una versión de Goyescas de Granados.

PROGRAMACIÓN
 
5, 6 y 7 diciembre: El destacamento rojo de mujeres - Ballet Nacional de China. (Teatros del Canal - Sala Roja)

8 y 9 diciembre: Radio & Juliet​ - Quatro - The Great Gastby Ballet (Teatros del Canal - Sala Roja)

8 diciembre: Faro​ - Compañía Eduardo Guerrero (Teatro Real Coliseo Carlos III)

9 diciembre: Terrenal - LaMov Compañía de Danza (Teatros del Canal - Sala Verde)

13 y 14 diciembre: Triple Bill -  Ballet British Columbia (Teatros del Canal - Sala Roja)

15 y 16 diciembre: Gala de Ballet homenaje a Marius Petipa (1818-1910)​ - Primeros bailarines de los Teatros Bolshoi de Moscú y Mariinski de San Petersburgo (Teatros del Canal - Sala Roja)

16 diciembre: Salvatio - Kor'sia (Museo Nacional del Prado)

16 diciembre: Bashdoor, la victoria absurda - FM Art Collective (Museo Nacional del Prado)

16 diciembre: KJAJ - Fabrice Edelmann (Museo Nacional del Prado)

16 diciembre: Goyescas (Museo Nacional del Prado)

18 diciembre: Oskara - Kukai Dantza (Teatros del Canal - Sala Verde)

19 y 20 diciembre: Subject #1​ - Resodancer Company (Teatros del Canal - Sala Verde)

21 diciembre: Fase alterna - Cia Marco Flores (Teatros del Canal - Sala Verde)

21 diciembre: Cositas mías - Compañía Joaquín Grilo (Centro Cultural Paco Rabal)

22 y 23 diciembre: Lady Macbeth​ - imPerfect Dancers Company (Teatros del Canal - Sala Verde)

22 diciembre: Baserri​ - Proyecto Larrua (Centro Comarcal de Humanidades Cardenal Gonzaga)

27 diciembre: El festín de los cuerpos​ - Compañía Danza Mobile / INcubo Teatro (Teatros del Canal - Sala Negra)

28 diciembre: Gala de danza española - ADE (Teatros del Canal - Sala Verde)

29 y 30 diciembre: Les Nuits Barbares ou les premiers matins du monde​​ - Cie. Hervé Koubi (Teatros del Canal - Sala Verde)

30 diciembre: SER - Cristian Martín (Cuarta Pared)

lunes, 19 de noviembre de 2018

4 técnicas de danza moderna fundamentales

Las técnicas de danza moderna fundamentales ayudan a desarrollar una gran variedad de destrezas. Estos métodos de entrenamiento son excelentes, no solamente para los bailarines modernos, sino tambén para las personas que bailan cualquier tipo de baile. La Técnica Duncan, la Técnica Graham, la Técnica Hawkins y la Técnica Limón son cuatro de las principales técnicas que ofrece el mundo de este arte.

01. Técnica Duncan


Si te apasiona la danza libre y quieres bailar con una gracia natural, la técnica Duncan es una buena alternativa para ti. Esta técnica de danza, que inventó la precursora de la danza moderna, Isadora Duncan, se enfoca en liberar la expresión orgánica del cuerpo.

Duncan enfatiza la fluidez de los movimientos libres, la musicalidad, los movimientos de la naturaleza y las formas inspiradas en el arte clásico griego. Su técnica ayuda a eliminar los hábitos que obstruyen una expresión pura y limpia en la danza.

La Técnica Duncan es muy femenina, pero los hombres también se pueden beneficiar de sus clases. No exige que tengas un cuerpo ni una fuerza física específica. Tampoco necesitas experiencia previa de baile para empezar a tomar clases de la Técnica Duncan.

02. Técnica Graham


Si tu principal interés al bailar es expresar emociones fuertes, la Técnica Graham debe formar parte de tu entrenamiento. Bailes o no bailes danza moderna, la técnica Graham ayuda a mejorar tu capacidad de expresar todo el abanico de las emociones humanas en una danza.

Los principios básicos de la técnica Graham son la contracción y la relajación o “release”. Esta técnica desarrolla la capacidad expresiva e interpretativa del torso mediante estos principios. Graham también enfatiza la coordinación de la respiración en cada movimiento, el trabajo en el suelo, la pelvis como lugar de inicio, y los movimientos en forma de espiral.

La Técnica Graham se enseña a todos los niveles, desde principiante hasta avanzado. Tiene ejercicios y movimientos codificados para cada nivel de aprendizaje.

La Técnica Graham fue inventada por la gran bailarina de la danza moderna, Martha Graham. Es una técnica esencial para toda persona que quiera aprender los fundamentos básicos de la danza moderna.

03. Técnica de Hawkins


Si quieres aprender a bailar libre de tensiones innecesarias con el menor esfuerzo posible, la Técnica Hawkins es una de las mejores alternativas de entrenamiento para ti. Con la Técnica Hawkins puedes aprender a mover cada parte de tu cuerpo usando el mínimo de esfuerzo muscular.

El gran bailarín de danza moderna, Erick Hawkins, desarrolló esta técnica con la intención de dar al bailarín un entrenamiento que no causara lesiones. Para lograr esto, Hawkins incorporó en su técnica conocimientos de la ciencia—como la kinesiología—y disciplinas espirituales del oriente.

El principio central de la Técnica Hawkins es el uso de movimentos fluidos y libres que se inician desde el centro de gravedad del cuerpo. La técnica se enfoca en generar movimientos que sigan los principios anatómicos de la postura y la alineación corporal.

Hawkins creía que la danza era una expresión de la integración del cuerpo, la mente y el alma. Su técnica ayuda precisamente a desarrollar esa integración.

04. Técnica Limón


¿Te gustaría bailar usando la capacidad expresiva de tu cuerpo al máximo de una manera orgánica? La Técnica Limón ayuda a descubrir, explorar y desarrollar al cuerpo entero como un instrumento de expresión.

Limón se enfoca en descubrir los movimientos más orgánicos del cuerpo. Explora la relación del peso del cuerpo con la fuerza de gravedad. En esta técnica los principios de la caída, la recuperación del equilibrio y el rebote se exploran en sus ritmos más naturales. 

La Técnica Limón crea una conciencia extraordianria acerca de la importancia de la respiración en la danza. Ayuda a entender cómo la respiración prepara para iniciar un movimiento, cómo la respiración afecta cada movimiento y cómo la respiración genera fluidez en la danza.

Limón pensaba que el torso era una parte poderosa del cuerpo para expresar emociones. Su técnica ayuda a desarrollar una capacidad expresiva del torso impresionante.

A pesar de que Limón era un bailarín de danza moderna, su técnica es excelente para mejorar las destrazas de baile en cualquier tipo de baile.

lunes, 22 de octubre de 2018

Bailar protege el cerebro

Cuando nos introducimos en la pista de baile, nuestro cuerpo intenta sincronizarse al ritmo de la música y nuestro cerebro orquesta todos esos movimientos, ordenando a nuestras articulaciones cuándo y cómo moverse. Estamos bailando.


Los mecanismos del cerebro

Existen distintos mecanismos neuronales relacionados con el baile: cuando nos movemos, empleamos neuronas y sustancias químicas del cuerpo para controlar los músculos que afectan a las articulaciones, al movimiento y al equilibrio. El sistema nervioso activa grupos de músculos que trabajan juntos para lograr un amplio rango de movimiento y así demostrar nuestras muchas o pocas dotes como bailarines.

Los movimientos voluntarios, como bailes con una coregografía marcada como una bachata o el tango, se originan en la corteza motora, que está implicada en la planificación, control y ejecución de este movimiento. Las señales procedentes de la corteza motora viajan a través de 20 millones de fibras nerviosas de la médula espinal para que, por ejemplo, la muñeca o el dedo del pie respondan de una manera determinada. Curiosamente, cuanto más pequeño es el movimiento, más dedicación recibe de la corteza motora, lo que llamamos la corteza somatosensorial, una región media del cerebro responsable del control motor, que también juega un papel clave en la coordinación ojo-mano.

Por otra parte, los ganglios basales, otro grupo de células del cerebro, también se comunican con otras regiones del cerebro para coordinar sin problemas el movimiento. Así, todo este complejo engranaje del cerebro traduce finalmente las señales neuronales en la lista de baile convirtiendo nuestros movimientos en reales.

Pero, ¿de qué manera afecta el hecho de bailar a nuestro órgano pensante?

Según el neurocientífico y director de la Science Gallery en el King's College London (Reino Unido) Daniel Glaser, bailar mejora la función cerebral a una gran variedad de niveles. Por un lado, nuestra memoria muscular nos permite aprender cómo llevar a cabo un baile sin tener que pensar en los pasos. Esto sucede porque los movimientos encajan a fondo en el cerebro, creando una especie de taquigrafía entre lo que pensamos y lo que hacemos. Esto es, memorizamos cómo hacer las cosas de una forma tan eficiente que no requieren de un esfuerzo consciente por nuestra parte. Repetir los pasos de baile constantemente nos lleva a tal punto que podemos llevarlos a cabo de forma automática.

Además, a pesar de que la memoria muscular sea incapaz de distinguir cuándo nos equivocamos al hacer un paso y cuándo no, algunos estudios han planteado que las endorfinas que se liberan tras realizar un movimiento correcto en el baile, hacen que el cerebro almacene como forma adecuada tal movimiento; un proceso que reconfigura continuamente las vías neuronales del cerebro.

Las células de memoria muscular pueden activarse con cualquier actividad. Las evidencias científicas sugieren que los cambios que, por ende, pueden producirse en nuestra materia gris, pueden conducir, a su vez, a modificaciones en nuestras capacidades. Bailar integra varias funciones del cerebro implicadas en la cinestesia, al seguir el ritmo y vivir la emoción positiva mientras bailamos; todas ellas aumentan la conectividad de nuestro cerebro.

Según una investigación publicada en la revista New England Journal of Medicine, bailar puede prevenir además las enfermedades neurodegenerativas y aumentar la agudeza mental a todas las edades. Practicar baile o actividad similares, puede reducir drásticamente la aparición de la demencia y la enfermedad de Alzheimer. Y es que el baile obliga al cerebro a recolocar regularmente sus vías nerviosas, especialmente en las regiones que implican la función ejecutiva, la memoria a largo plazo y el reconocimiento espacial.

lunes, 15 de octubre de 2018

‘Pole dance’: el secreto para no envejecer

La californiana Greta Pontarelli se ha convertido, a sus 67 años, en la nueva estrella de la complicada modalidad del ‘pole dance’. A los 59 fue diagnosticada de osteoporosis y decidió lanzarse a la práctica de este deporte para fortalecer su cuerpo. ¿Lo mejor? Hemos podido hablar con ella.

“Los desafíos en la vida dependen de nuestra confianza en poder hacerlo”, es uno de los lemas de Greta Pontarelli, la estadounidense que se ha convertido, a sus 67 años, en toda una reina de la sensual y complicada técnica del ‘pole dance’. Su edad no solo no le ha supuesto ningún impedimento a la hora de hacer prueba de una gran destreza y flexibilidad en la barra, sino que, según ella, es precisamente este deporte el que le permite encontrarse tan joven y en buena forma. Tanto que Greta es hoy en día una de las referencias a escala internacional en esta modalidad.

Para los que anden un poco perdidos, el ‘pole dance’ es un baile en barra que requiere de una tremenda preparación atlética, así como una importante fuerza y resistencia, ya que en él se introducen movimientos acrobáticos y equilibrios casi imposibles.

Más allá de que a sus 67 años Pontarelli se haya convertido en toda una referencia y en la reina del ‘pole dance’, lo más impresionante de su historia es que sus primeros pasos en esta variedad de baile casi imposible los daba hace apenas cinco años y a causa de su diagnóstico de osteoporosis.


A pesar de haber practicado gimnasia en su juventud, Greta llevaba más de 40 años sin hacer deporte y, tal y como ella misma cuenta, durante su primera clase no podía ni siquiera subirse a la barra. “Al principio fue duro, pero fui constante y celebré mis pequeñas victorias”, nos asegura.

Mucha dedicación y esfuerzo han dado como resultado las impresionantes piruetas que podemos contemplar hoy en los muchos vídeos con los que cuenta en su canal de YouTube. Muchos de sus vídeos han conseguido millones de reproducciones en un solo día en esta conocida plataforma.


Hoy, Greta Pontarelli es nada menos que cinco veces campeona mundial de ‘pole dance’ y continúa en el camino de seguir mejorando y aprendiendo. “Recuerdo que cuando subí al avión, camino a Londres para mi primer campeonato del mundo, no paraba de preguntarme si estaba loca. Aun así, lo hice y volví a casa con un título mundial. Esa victoria me ayudó a seguir adelante y convertirme en mi mejor versión”, nos cuenta entusiasmada.

Su mantra: el esfuerzo y la motivación

¿Es muy duro su día a día? Tal y como nos cuenta, Greta entrena dos horas al día, “da igual si el día es muy caluroso o muy frío. Es muy fácil encontrar excusas que te mantengan alejado de tus sueños”, a lo que añade que “también es importante mantener una dieta limpia y equilibrada”.


Su filosofía es la del trabajo y, según ella, además de los beneficios para su cuerpo, el ‘pole dance’, también llamado ‘pole fitness’, le ha ayudado a desarrollar enormemente su plasticidad y elasticidad, así como la capacidad para coreografiar historias significativas e inspiradoras. “Necesitamos desafiarnos a nosotros mismos todos los días. A veces podemos sentir algo de miedo, pero tenemos que seguir adelante y hacerlo de todos modos”, sentencia.

No hemos dudado en preguntarle a Greta si cree que todos los yolds estaríamos capacitados para adentrarnos en una disciplina tan dura con casi 60 años. “Por más que nos parezca sorprendente, el ‘pole dance’ es muy apto para nuestra edad, ya que no ejerce presión en las articulaciones. A partir de los 50 empezamos a perder cartílago y cuesta más hacer determinados deportes, como correr. Pero podemos perfectamente volar con la ayuda de la barra. Hay muchos deportes que podemos comenzar con esta edad, pero es necesario aprender a escuchar al cuerpo y saber lo que le conviene y lo que no”.


Para Greta, una de las mejores cosas que le ha aportado su éxito ha sido el poder dar a conocer su historia e inspirar a otros a no dejar que, ni la edad ni ninguna otra limitación, les impida conseguir sus sueños: “Muchos dicen que a los 40 ó 45 es muy tarde para empezar a aprender algo nuevo. Si por algo soy feliz, es por poder convencer al mundo de que nunca es demasiado tarde para soñar y ser feliz”. 

Greta no quiso despedirse sin dirigir una palabras a todos los yolds: “Encuentra cosas en tu vida que provoquen que tu alma cante y persíguelas con pasión. No te rindas cada vez que te topes con un obstáculo, porque los desafíos se consiguen a base de esfuerzo. Recuerda que tú eres el dueño de tu destino, así que no dejes que la edad sea una limitación a la hora de perseguir tus sueños”.

¡Gracias, Greta!

Escrito por: Carmen Matas

lunes, 30 de julio de 2018

El 'voguing' visto por Teresa Suárez, la fotógrafa española que captura la escena 'ball' en París

La mirada de Teresa Suárez captura este estilo de baile cada vez más relevante, y nos propone un ejercicio de reflexión para enraizarlo en sus orígenes sociales


Cuando Teresa Suárez llegó a París, con la cámara de fotos entre sus manos, no sabía hablar francés con fluidez, y tuvo que abrir mucho los ojos. Observar y escuchar como estrategia de aprendizaje, de aproximación a la realidad extranjera que era, de pronto, su única realidad. Fue con ese espíritu con el que llegó a los escenarios urbanos del movimiento voguing de París, un secreto a voces bajo el callejero de la capital francesa. Mucho más que una tendencia de baile popularizada por Madonna, el voguing es un espacio seguro para identidades queer y expresiones personales, creado y cuidado por la comunidad LGBTQIA. Su vigencia cultural, como apunta Teresa, le ha hecho llegar a todas partes “bares, discotecas, ayuntamientos o incluso el Palacio del Elíseo”, nos cuenta la fotógrafa, aludiendo a la invitación extendida por el presidente francés Emmanuel Macron al productor y DJ Kiddy Smile, uno de los grandes influenciadores de la escena voguing en París. El artista “acudió con una camiseta con el mensaje ‘hijo de inmigrantes, negro y maricón’”, recuerda Teresa, un gesto que enraiza el fenómeno voguing en unos orígenes que se difuminan en su proceso de masificación como tendencia. 

En las fotos capturadas por Suárez hay una voluntad de recuperar el mensaje de orgullo, identidad y libertad localizado en las raíces del estilo de baile.

Sobre la mirada de Teresa Suárez

Un paseo vertical por su perfil de Instagram es un viaje a través del negativo de la realidad que no conoces. Teresa centra su mirada en los olvidados, “no para darles voz”, advierte, “no me gusta esa expresión, se trata más bien de servir como altavoz”. Y ella amplifica ese sonido allá donde puede, a sus 25 años, esta asturiana publica su imágenes con asiduidad en Le Parisien, Público, Píkara Magazine o El Mundo. Su forma de expresarse traduce ya la importancia que el rigor tiene en su trabajo, y el eclecticismo de sus intereses (fútbol, música, ensayo queer, etc.) delata una curiosidad nerviosa que no puede dejarse nada fuera. Pero pese a ello su honestidad la lleva a callarse y escuchar, desaparecer como autora en favor de las historias plasmadas en sus imágenes.


De pequeña quería ser médico y trabajar en Médicos Sin Fronteras, pero como el tiempo le mostró “que no estaba hecha para las ciencias”, transformó el mismo impulso en una vocación por el fotoperiodismo. “Comencé cubriendo las protestas del 15M”, relata Suárez. En París, ciudad en la que vive desde hace cuatro años, comenzó su andadura con À Paris (2014-2017), “pura fotografía callejera centrada en ‘Los Otros’, personas que que rompen con el estereotipo que tenemos del parisino o la parisina pero que son piezas indiscutibles de la identidad de esta ciudad”. Desde 2015 viaja Ucrania para documentar el conflicto. “La guerra en Ucrania es casi un tema invisible en la prensa española”, se lamenta Suárez, pero en su busca del negativo, de las historias menos representadas, ha centrado su trabajo Moja Kraina en cómo la guerra “ha cambiado el rol de las mujeres, cómo les afecta siendo soldados, médicos, paramilitares, voluntarias, civiles, desplazadas…” Todo bajo su propia ética profesional autoimpuesta: “cambiar las cifras de los medios por nombres y apellidos. Es la ética que sigo, ya sea en Avdiivka a siete kilómetros de la línea de frente, que en un reportaje sobre el racismo en París o sobre el fin de la mina en Asturias”.


Paris is Voguing

Queremos conocer el voguing a través de la mirada de alguien que ha aprendido tanto sobre ello en tan poco tiempo como Teresa, y revivir con ella las emociones que despierta y que se hacen casi palpables en la vibración de sus imágenes.

Vogue.es: Desde tu posición como observadora, ¿qué deberíamos, en tu opinión, saber sobre el voguing? 

Teresa Suárez: Es un tema delicado. El voguing ya existía antes de que Madonna pronunciara su famosísimo strike a pose, no debemos olvidar sus origines, un baile creado por personas pertenecientes a comunidades muy estigmatizadas en la sociedad norteamericana (afroamericanos, latinos, homosexuales, trans, seropositivos…) El voguing sigue siendo bailado mayoritariamente por personas racializadas queer que en la mayoría de las ocasiones forman parte de comunidades que continúan siendo estigmatizadas, al menos en Francia, ya sea por la sociedad dominante o por su propia comunidad. La homosexualidad, la feminidad en un hombre, etc. Son cuestiones que siguen sin ser aceptadas en la cultura predominante de la banlieue (los suburbios) es algo que retrata bastante bien Kiddy Smile, productor, dj y una de las figuras más importante del voguing francés, en el videoclip de Teardrops in the box.

El voguing ha evolucionado, aunque siga manteniendo sus bases, y se ha popularizado en los últimos años, es algo que divide un poco a la comunidad por lo que he podido entender. Por una parte es interesante porque es mucho más accesible pero a su vez corre el riesgo de banalizarse. Muchos artistas, al igual que Madonna en su tiempo, incluyen movimientos propios del voguing en sus coreografías, algo que molesta a la comunidad cuando no son bailarines de voguing sino bailarines a los que enseñan algunos movimientos. El voguing es mucho más que un estilo de baile, es un elemento de resistencia, de lucha, un símbolo de la comunidad queer del cual nunca deberían olvidase sus orígenes.


Vogue.es: ¿Qué te llevó a querer retratar este movimiento en París? ¿Cómo accedes a los espacios?

Teresa Suárez: Llevaba varios años queriendo trabajar sobre el voguing. En 2014, antes de irme a París, varios amigos asturianos me hablaron sobre este baile y su importancia en la comunidad queer. Meses más tarde, ya en París, en un curso en la universidad sobre Género, Clase y Raza realicé un ensayo sobre la película Paris is burning desde esta perspectiva. Fue ahí donde empezó todo, la búsqueda de los balls, de las houses… Es difícil conseguir las direcciones si no conoces a nadie que forme parte del ambiente y París no es una ciudad fácil para hacer amigos. Siempre me ha interesado la relación entre cuerpo y el espacio, o cómo el cuerpo puede ser un instrumento de expresión y militancia. Poco a poco, acudiendo a espacios festivos queer como la Shemale o La Wet For me, comencé a ver a personas incluyendo movimientos propios voguing en sus bailes, es gracias a ellos que pude conocer las primeras direcciones y comenzar a trabajar.


Vogue.es: Cómo observadora y documentalista de la escena Voguing parisina, ¿qué sensaciones despierta en ti ser testigo de estos bailes? ¿Cómo describirías lo que te hace sentir?

Es difícil de explicar, es un ambiente muy intenso, cargado de emociones. Cada elemento de un ball es especial: el comentador, los jueces, la música, el tema general, las diferentes categorías, el público... El Dj y el MC son responsables de canalizar toda energía y hacerla llegar tanto a los bailarines como al público. Cada ball es único aunque es verdad que todos ellos tienen algo en común, son espacios protegidos, toda la ball scene es un enorme espacio seguro. Un espacio libre de agresiones, sentirse seguro es fundamental para dar lo mejor de ti mismo. La ballroom es una comunidad muy familiar a la vez que competitiva a raíz del sistema de houses, la gran mayoría tienen su sede en los Estados Unidos (Ninja, Xtravaganza…) pero sus bailarines están repartidos por todo el mundo. A su vez, estas houses estas dirigidas por una mother, este rol es vital, va más allá del liderazgo del grupo. Una “mother” acompaña dentro y fuera del universo ball a sus “children”, es una guía, un apoyo absoluto y esto se siente en el ambiente.

Recuerdo uno de los últimos balls a los que acudí con mi cámara el público estaba a menos de un metro de distancia de los bailarines, muchas veces llegaba a haber contacto físico entre ambas partes, era alucinante, muy especial, los bailarines se nutrían de los gritos del público casi en éxtasis y el público se alimentaba a su vez de los movimientos de los bailarines. Es indescriptible, solo puedo explicarlo a través de las imágenes.


lunes, 23 de julio de 2018

Akram Khan: el maestro que redefinió la danza

El intérprete asombrosamente expresivo, que puede conjurar tanto la quietud como la energía giratoria, está asumiendo su último papel principal en el escenario.


Cuando Mikhail Baryshnikov felicitó a Akram Khan por la belleza de su baile, fue uno de los momentos más orgullosos pero ambivalentes de su carrera. "Misha dijo que realmente admiraba la calidad de mi quietud", recuerda Khan. "Y yo estaba como, estoy muy conmovido por esto, pero ¿qué hay de mis giros?"

Cualquier bailarín puede perder el control al pasar por alto sus habilidades de movimiento, ganadas con esfuerzo, en favor de su habilidad para no hacer prácticamente nada. Sin embargo, cuando recuerdo las tres décadas de la carrera de Khan adulto, son esos momentos cargados de quietud los que recuerdo con gran asombro. Como bailarín, podía acelerar su actuación hasta convertirse en un vórtice de energía giratoria, estampada y estroboscópica; sin embargo, en un instante, también podía cambiar a una quietud tan pura que el mundo parecía contener el aliento.

No hay duda de que su dominio de los extremos dinámicos ha convertido a Khan en uno de los bailarines más apasionantes de su generación. Sin embargo, son esos momentos zen de silencio los que hablan más profundamente del espíritu de sus actuaciones, la habilidad de Khan para comunicar, incluso al público más secular, que su baile es una forma de ritual, en contacto con fuerzas más grandes que él.


Khan absorbió este sentido del ritual a partir de su entrenamiento en kathak, el estilo clásico del Sudeste Asiático que fundamentalmente le ha formado como bailarín. Lo recuerdo en su recital como solista en 2001, Polaroid Feet, que mezclaba los ritmos de tabla con la música de percusión de sus propios y poderosos pies, produciendo una orquesta de sonidos que modulaban desde un estruendoso rap hasta un revoloteo tan delicado como un colibrí. Como cualquier virtuoso del kathak, Khan parecía poseer dos cerebros de baile separados: uno que controlaba la lógica exacta de su juego de pies, uno que permitía a la parte superior de su cuerpo flotar elocuentemente, elegante y libre. A pesar de su complexión relativamente rígida, Khan podía moverse con una ligereza de seda, sus brazos no pesaban, su torso se inclinaba y arqueaba con la elasticidad de una bailarina.

Khan ha seguido siendo fiel a sus raíces de kathak; dice que todavía ve la danza a través de la mirada del kathak. Sin embargo, cuando era niño Michael Jackson era su inspiración, de joven se entrenó en la danza contemporánea occidental, y en su película de 1999 Loose in Flight podemos ver toda la euforia con la que Khan se introducía en un nuevo terreno. Los elementos del kathak académico están presentes en su baile, pero se desmantelan en un lenguaje de gesto urbano corto, agudo y nervioso, y se desequilibran drásticamente al lanzar movimientos de break dance, rolls y caídas.

Con el paso de los años, las colaboraciones con la bailarina Sylvia Guillem y el inconformista del flamenco Israel Galván han aportado otros elementos al juego, y como un bailarín maduro, Khan se ha convertido en un maestro de un alcance asombrosamente expresivo. En su solo autobiográfico Desh (2011) parecía encarnar un libro completo de imágenes, bailando a través del caos de la vida callejera de Bangladesh, a través de conversaciones incómodas con su padre, y de los cuentos tradicionales que trataba de transmitir a su propio niño. En Until the Lions (2016) su interpretación del rey Bheeshma no se parecía a nada de lo que había bailado antes, con toda su característica fluidez de formas forzada en el andar rígido y enfadado de un solitario guerrero asediado. En Xenos Khan interpretará a un tipo de soldado muy diferente: un joven aldeano indio reclutado en la primera guerra mundial, con su mente y cuerpo tratando de dar sentido a su escala de destrucción industrial.


Si Xenos promete darnos una nueva visión de la danza de Khan, también será el último papel principal en el que lo veremos en el escenario. Continuará creando, por supuesto, y sabemos por la Giselle que creó para el English National Ballet, y por su recientemente reformado y reelaborado Kaash, que puede producir cosas maravillosas en cuerpos diferentes al suyo. Sin embargo, ver a Khan bailar su propia coreografía ha sido, para mí, uno de los momentos más destacados de mi vida como crítica. Con un talento sobrenatural, totalmente distinto, Khan se encuentra entre esos artistas de "uno en una generación" que pueden redefinir nuestra idea de lo que es o podría ser el baile.