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lunes, 25 de enero de 2021

El estrés cambia la forma en que el cerebro procesa la información

 

El estrés tiene múltiples efectos sobre el organismo y uno de ellos es reducir la capacidad del cerebro para procesar la información de manera adecuada. Esto, a su vez, hace que disminuya el rendimiento intelectual.

El estrés se ha convertido en uno de los grandes males del mundo actual y las cifras al respecto no dejan de crecer. La ciencia ha venido estudiando los diferentes efectos que ese estado puede provocar en el organismo y cada vez hay más evidencias de que son muy negativos e incluso desastrosos en algunos casos.

Hoy en día se sabe que el estrés cambia la forma en que funciona el cerebro y, de hecho, todo el organismo. Esto, entre otros aspectos, se manifiesta en la manera de procesar la información. Si los episodios estresantes son duraderos o repetitivos, el cerebro termina modificando su estructura.

Un cerebro positivo es 31 % más productivo que un cerebro en negativo, neutral o estresado”.

-Shawn Achor-

En concreto, el estrés favorece las conductas impulsivas y las pautas de inmediatez en la toma de decisiones. A la vez, reduce los patrones de reflexión y de conciencia. Todo en conjunto afecta el procesamiento y el almacenamiento de la información que proporciona el entorno. El resultado es menos acciones inteligentes y más conductas dispersas y erráticas.

El estrés y el rendimiento intelectual

Mujer estresada en el trabajo

El estrés altera la forma en la que el cerebro procesa la información y, en consecuencia, el rendimiento intelectual. En principio, el estrés es una reacción física y mental que se activa frente a una posible amenaza. Desde ese punto de vista, estar estresados supone disparar las alertas y, por lo tanto, estar más atentos.

Sin embargo, un estudio llevado a cabo por la doctora Candace Raio, de la Universidad de Nueva York, señala que a diferencia de lo que se cree, el estrés también lleva a que se preste menos atención a los cambios producidos en el medio ambiente. Así mismo, ese sentimiento reduce la flexibilidad para responder a los estímulos externos.

Esto, en otras palabras, significa que una persona estresada es menos capaz de reconocer acertadamente los estímulos que percibe. En términos de aprendizaje, supone una reducción de la capacidad de atención y procesamiento de la información. Para probar su teoría, Raio y su equipo llevaron a cabo un experimento.

El experimento

Los voluntarios del experimento fueron divididos en dos grupos. A los integrantes de un grupo se les conectó a un dispositivo que enviaba una señal eléctrica. A ambos grupos se les presentaron una serie de imágenes; los que estaban conectados recibían un pequeño choque cuando iba a aparecer una imagen de “peligro”.

Mientras esto se llevaba a cabo, se monitorearon los cerebros de los participantes. Se detectó que, al recibir la señal eléctrica, los cerebros aprendieron a prepararse para recibir un estímulo de peligro, en este caso, una lámina que representaba algún tipo de amenaza.

Al día siguiente, los miembros del grupo que había recibido el choque eléctrico tuvieron que meter su brazo en una tina con hielo. Esto desató una sensación de estrés, que se corroboró por la presencia de dos hormonas: cortisol y alfa-amilasa.

Tras vivir esa experiencia, se hizo una sesión similar a la del día anterior. En esta ocasión se cambiaron las láminas, pero se mantuvo el procedimiento: choque eléctrico seguido de imagen de amenaza. Así se detectó que esta vez el cerebro no lograba “prepararse” para recibir el estímulo de amenaza, luego del choque. En otras palabras, no era igual de atento y eficaz frente a los peligros.

El estrés y la memoria

El estrés puede afectar la memoria.

Otros estudios han demostrado que el estrés afecta la memoria. Esto se debe a que en situaciones estresantes las hormonas terminan afectando la función de varias zonas cerebrales como la amígdala, el hipocampo y la corteza prefrontal medial. La consecuencia de esto es una alteración en los procesos de almacenaje de la información.

Se ha detectado que los episodios de estrés agudo, es decir intensos, pero momentáneos, incrementan la recordación. A corto plazo, la memoria se incrementa y registra con mayor agudeza todos los detalles. Sin embargo, si los episodios estresantes se vuelven repetitivos o tienen una duración muy larga, se produce el efecto contrario, es decir, disminuye la capacidad para recordar.

Al parecer, todo esto tiene lugar por acción de la famosa hormona del estrés, el cortisol. Este se produce en las glándulas suprarrenales cuando hay una situación de peligro o amenaza. En cantidades excesivas, modifica la forma en que el cerebro procesa la información y esto incide en el correcto almacenamiento de los recuerdos.

Sobra decir que todos estos efectos negativos son razones de peso para ocuparse en disminuir el estrés. El cuerpo y la mente, en especial a largo plazo, pagan un alto precio si no se logra reducir este factor.

Fuente: https://lamenteesmaravillosa.com/

https://www.escuelaflow.es/ 

lunes, 26 de octubre de 2020

Cómo las emociones influyen en tu sistema inmunitario

 

El estrés, la ansiedad y los estados de ánimo negativos pueden afectar de diferentes maneras a nuestro organismo, aumentando el riesgo de sufrir determinadas patologías. Un estudio realizado recientemente por especialistas de la Universidad de Pensilvania concluyó que los estados de ánimo negativos pueden cambiar la forma en que funciona la respuesta inmune, y están asociados con un mayor riesgo de inflamación exacerbada.

El estudio se realizó con un grupo de participantes a los que se les proporcionaron unos cuestionarios en los que se les pedía que llevaran un registro de sus sentimientos durante 2 semanas, con el objetivo de crear un mapa con los perfiles emocionales de los mismos. Al mismo tiempo, los científicos también evaluaron la respuesta inmune de los voluntarios recogiendo muestras de sangre para hacer analíticas y buscando marcadores de inflamación.

Llorando

Es importante señalar que la inflamación se produce de forma natural en el cuerpo humano como parte de la respuesta inmune, cuando el cuerpo reacciona a infecciones o heridas. Sin embargo, los altos niveles de inflamación están asociados con problemas de salud y una variedad de afecciones crónicas, como la artritis.

Los expertos pudieron comprobar que las personas que experimentaban estados de ánimo negativos varias veces al día durante períodos prolongados de tiempo tendían a tener niveles más altos de biomarcadores de inflamación en la sangre.

Los científicos también subrayaron otro dato curioso: al realizar los análisis de sangre a los participantes poco después de haber experimentado una emoción negativa como tristeza o enojo, los biomarcadores de inflamación estaban aún más presentes en la sangre. Por el contrario, experimentar estados de ánimo positivos, incluso por un corto tiempo antes de recoger las muestras de sangre, se asoció con niveles más bajos de inflamación.

Los científicos que han formado parte del estudio creen que se trata de una investigación que viene a demostrar de nuevo el impacto de los sentimientos negativos en la salud y nivel estructural, porque los participantes del estudio pertenecían a diversos orígenes étnicos, raciales y socioeconómicos. Y aunque es cierto que para confirmar estos hallazgos, es necesario replicarlos en estudios posteriores, destacan la importancia de que es la primera vez que se analiza el vínculo entre los registros de los estados de ánimo momentáneos y a largo plazo y los niveles de inflamación en el organismo de las personas.

Gritando

En el futuro esperan que este y otros estudios similares permitan a los especialistas realizar nuevos estudios para comprender la conexión entre los sentimientos y la inflamación, lo que a su vez puede promover nuevas intervenciones psicosociales que promuevan la salud en general y ayudan a romper un ciclo que puede conducir a inflamación crónica, discapacidad y enfermedad.

Fuente: https://www.elnacional.cat

http://despedidas.escuelaflow.es/

 

miércoles, 11 de mayo de 2016

ALIMENTACIÓN PARA EL BAILARÍN

Cuando danzamos, no sólo baila el cuerpo, sino que danzamos nosotros, tal como somos; es nuestra esencia (espiritu) la que se manifiesta a través del movimiento. 

Sin embargo para un bailarín, (no necesariamente un profesional de la danza, sino cualquier persona que baile o haga alguna actividad física de manera regular, así que cuando diga bailarín lo haré de forma genérica) a diferencia de otras artes es mucho más fundamental tener una buena salud, ya que nuestro cuerpo en su totalidad es nuestra herramienta de trabajo. 

Tenemos varias vías que debemos de tener en cuenta, como pueden ser: un buen descanso, un correcto estiramiento-calentamiento pre y post-clase, usar el vestuario adecuado para cada disciplina de danza, etcétera. 
En este caso me voy a centrar en la nutrición.

¿Qué es importante para un bailarín? 
En primer lugar, un buen aporte de energía. Para ello vamos a necesitar alimentos “combustible” que no nos van a dar efecto subida-bajada de energía, sino que nos van a dar una energía continua y estable. Estos alimentos son los cereales integrales (arroz, avena, trigo integral, espelta, centeno, etcétera) y las frutas. 
En segundo lugar necesitan una alta cantidad de minerales como el potasio (fundamental para la musculatura y regulador del sistema nervioso) y antioxidantes, que nos ayuden a reparar el cuerpo tras el esfuerzo físico, y así evitar la acumulación de radicales libres. Esto nos lo proporcionan los vegetales y la fruta; y por ultimo, un buen aporte de proteínas de buena calidad, que nos mantengan fuertes y tonificados. Los frutos secos y los yogures serían una buena fuente de este nutriente.

Un ejemplo de desayuno y merienda correctos sería:

DESAYUNO
  • 2 ó 3 piezas de frutas (preferiblemente plátano, ya que aporta mucha energía y contiene mucho potasio).
  •  frutos secos, preferiblemente almendras, nueces y/ avellanas (un puñadito pequeño)
  •  un lacteo (de origen animal o vegetal) al que le podemos añadir miel. 
  • una tostada integral (con aguacate, miel, queso de brugos, aceite, crema de algarroba) y frutos secos.

MERIENDA
  • 1 pieza de fruta. 
  • yogur y/o frutos secos.
  
Si empezamos siguiendo éstas pautas, verémos como mejora día a día nuestro rendimiento y nuestro bienestar físico y mental. 

Espero que os haya servido de ayuda!! y os animo a que probéis las clases de danza oriental, y podáis ver sus multiples beneficios. ¡¡Los jueves de 14:30 a 15 :30!! ;)


Sara Morillo Pérez
Profesora y bailarina de danza oriental en Flow escuela de baile
Licenciada en filosofia y letras.
Diplomada en nutrición humana y dietética.