En un vecindario industrial sin pretensiones al este del centro de Los Ángeles, cinco bailarinas de claqué están apiñadas en un bunker convertido en tap-studio. Con suelos de cemento y un interior sin ventanas, en forma de túnel que recuerda a las antiguas estaciones de metro de Londres, parece un lugar muy por debajo de la tierra.
"Like a Boy" de Ciara estalla a través de los altavoces, y las bailarinas, vestidas de camuflaje y con zapatos dorados, se pasean mirando hacia las luces y la cámara, los ojos enfocados hacia adelante, los cuerpos vibrando con energía. "Ojalá pudiéramos cambiar los papeles", canta Ciara, y las Syncopated Ladies, dirigidas por la coreógrafa Chloe Arnold, golpean con fuerza, una y otra vez, mientras el director de fotografía desliza la cámara por una pista al otro lado de la sala, capturando todos sus movimientos.
Las Ladies están grabando su último video, el número 15 de una serie que, en general, se ha vuelto viral. "La canción habla de cambiar roles", explica Arnold. "Camina un día en mi lugar, y tendrás compasión y comprensión de lo que es ser una mujer, luchando contra las opresiones a diario. Se trata de liberarte, de no dejar que el condicionamiento te detenga".
Es la canción perfecta para este momento de la historia y para una compañía basada en la sororidad, una filosofía que no solo se articula y se baila, sino que se siente. Antes de que comience la grabación, Arnold da una cálida bienvenida a todos (recordando el nombre y el papel de cada persona); las bailarinas se preparan cantando "¡Team work, dream work!" A pesar del hecho de que tienen que repetir la pieza más de tres docenas de veces mientras se toman imágenes desde varios ángulos, no se escucha ni un ápice de queja. La alegría y el poder que sienten cuando bailan es contagioso.
Las Syncopated Ladies han estado juntas durante casi 15 años, pero la compañía se expandió en 2012 después de que Arnold hubiera ahorrado dinero para invertir en el grupo. Su formación, de hecho, nació de la constatación de que prácticamente todos los bailarines célebres de claqué -Bill "Bojangles" Robinson, Gregory Hines, Savion Glover- eran hombres.
"La ironía", dice Arnold, "es que crecí bailando con mujeres". No fue hasta que tuvo 16 años y estudiaba con Debbie Allen -quien fue su mentora desde entonces- que Arnold se dio cuenta de que ella también podría ser una artista. "Ella despertó mi conciencia de que podía hacer este arte tal y como imaginaba. No tenía que meterme en una caja para tener éxito".
En 2012, en colaboración con las otras bailarinas -incluida su hermana y productora de la compañía, Maud Arnold-, las Ladies lanzaron su primer video, para "Where Have You Been" de Rihanna. Obtuvo 70.000 visitas, lo que las sorprendió.
Pero fue un pequeño reconocimiento por parte de Beyoncé al año siguiente lo que las envió a la estratosfera. La estrella compartió su video "End of Time" en su página de Facebook, con una simple afirmación: "They killed it!" Justo después: apariciones en "So You Think You Can Dance", una campaña para el cabello de Cantu Beauty, una gira internacional y una invitación para presentarse en la Convención Nacional Demócrata 2016.
Fue la empujón para una compañía que se basa en los principios de colaboración y apoyo, pero no terminó allí. Cuando "Formation" de Beyoncé salió en 2016, Arnold sabía que tenía que hacer la coreografía. El producto final no solo presenta a la compañía, sino que también integra imágenes de mujeres de todo el mundo que realizan los pasos de Arnold. Esta vez, Beyoncé exhibió el baile en la página principal de su sitio web y en sus redes sociales, e invitó a las Ladies a actuar en un evento para el lanzamiento de su línea de ropa, Ivy Park, en Topshop en Londres. "Con solo presionar un botón, ella abrió el camino para que las mujeres del tap fueran escuchadas", dice Arnold.
Parte de por qué estos videos resuenan tan fuertemente es su mensaje: "Tú, mi hermana, importas", explica Arnold. "No dejes que nadie te intimide". El tema de Ciara, en particular, explora la complejidad de los roles de género, algo a lo que la mayoría de las mujeres pueden conectarse. "No estamos limitadas a ser femeninas. Somos duras, pero nuestra dureza no es algo que tenga que echar para atrás a las personas y no tiene que ser estigmatizado como malo".
Pero el otro atractivo es puramente estético: estas mujeres realmente bailan muy bien. Todas han sido entrenadas en géneros múltiples, y eso llega a través de su tapping.
"Su pasión, vigor y energía son innegables", dice la directora de video Becca Nelson, que ha estado colaborando con la compañía en contenido visual durante los últimos años. "Son capaces de mostrarlo en la cámara y hacerlo llegar a la gente". También enfatiza que están trabajando en un mercado sin explotar increíblemente experto, aprovechando la música popular y reconocible. Es familiar para el público, a la vez que presenta una forma de arte que de otra manera no disfrutarían.
Las Ladies se encuentran actualmente en el estudio componiendo música original y colaborando con otros artistas. Y a finales de este año, planean realizar su concierto, Syncopated Ladies: Live, de regreso en la carretera para giras internacionales y en EE.UU.
Pero Arnold tiene una visión aún más grandiosa para la compañía. Está decidida a brindar oportunidades para que las niñas de todo el mundo aprovechen, para animar a las mujeres de la misma manera que otras, como Debbie Allen y Beyoncé, han hecho por ella. "Queremos ser líderes en cómo se ve y se recibe el tap. Queremos enseñar a las niñas a tener sus propias voces. Ser ellas mismas. No tener miedo".
¿Se te mueven solos los pies cuando escuchas música? Quizá sea hora de lanzarse a la pista.
Bailar es bueno para el cuerpo y el alma, dicen, y es una forma divertida y social de sudar y hacer ejercicio.
Aquí mencionamos seis de los estilos más populares y te contamos sus beneficios deportivos.
Danzas latinas
Los ritmos latinos son alegres y ayudan a mejorar la resistencia física.
Suelta las caderas, imagina que estás en algún lugar del Caribe, y comienza a identificar el ritmo de la rumba, el son, la salsa colombiana, la cumbia, el merengue o el cha cha chá.
La alegría y sensualidad de estos bailes atraen a aficionados de todo el mundo.
Las danzas de inspiración latina son divertidas de aprender, muy buenas para tonificar diferentes grupos de músculos y para mejorar la resistencia física.
Street dance
Es un estilo habitual de los videos musicales y es una forma muy estimulante de mantenerse en forma.
El hip-hop se combina con el housey con movimientos como el popping (contracción de los músculos al ritmo de la música) o el locking (rápidos movimientos de manos y brazos junto a otros más suaves de caderas y piernas).
En este baile callejero también se incluye el krumping (movimientos libres y expresivos) o el tutting (formas geométricas con los brazos inspirados en los antiguos egipcios) e incluso el twerking (movimientos provocativos) para crear las más modernas coreografías.
No hay dos clases de street dance iguales, ya que cada instructor tiene su propia personalidad y estilo.
Aprender street dance no sólo garantiza el éxito en la pista, es una excelente manera de fortalecer la autoestima y ponerse en forma.
Danza del vientre
Si quieres bambolearte, sacudirte y menearte como la mismísima Shakira, entonces dale una oportunidad a la danza del vientre.
Te hará sudar y hará latir tu corazón más fuerte mientras ejercitas todo el cuerpo, aunque es un estilo particularmente bueno para piernas, caderas y cintura.
La original proviene de Oriente Medio, pero este sensual baile se ha globalizado. Hay versiones de gimnasio que alternan los movimientos básicos de la danza del vientre con acciones intensas de tonificación.
Danza de Bollywood
La danza de Bollywood se basa en estilos clásicos de India como Kathak y Bharatnatyam -que inspira los delicados gestos de las manos y los gráciles movimientos - pero se ha fusionado con muchos otros estilos indios y del mundo (como bhangra, hip-hop, danza contemporánea e incluso salsa).
Todo confluye en una mezcla energética que cualquiera puede disfrutar. Además del ejercicio cardiovascular, este tipo de baile tonifica los músculos y permite mejorar la coordinación.
Mantiene tu cuerpo en movimiento todo el rato y te enseña a distribuir esa energía por todos lados, desde el centro del tórax hasta la punta de los dedos.
Ballet
El ballet es una técnica de danza occidental que se originó en la época del Renacimiento. La danza clásica tal como la conocemos ahora nació en Francia.
Se caracteriza por la gracia, coordinación y precisión del movimiento.
La técnica usa cinco posiciones principales de los brazos y las piernas. Y las típicas zapatillas ayudan a las bailarinas a crear largas líneas con el cuerpo.
Este estilo de danza es muy bueno para aumentar la flexibilidad, mejorar la postura corporal, tonificar y estirar los músculos.
Claqué o Tap dance
Le debe el nombre al sonido creado por el calzado y es uno de los estilos en los que destacó el gran Fred Astaire, que era un virtuoso bailarín.
Se baila golpeteando rítmicamente el suelo con zapatos que tienen pequeñas placas metálicas en el taco y en la punta y que le dan ese sonido característico.
Es también un arte escénico popular que forma parte de musicales famosos, como "All That Jazz" ("Empieza el espectáculo" o "El show debe continuar", se llamó el filme del musical en español) y "Bailando bajo la lluvia".
El tap es perfecto para tonificar los músculos de la parte inferior del cuerpo y para quemar un montón de calorías.
Hoy vamos a hablar de un estilo de baile que viene de hace años pero del que no sabemos mucho. Hablamos del Claqué. También conocido como Tap. Ese baile que se hace dando con los pies en el suelo y haciendo que suene, sí. Pero no solo es eso, es mucho más y lo podréis ver en el vídeo que os dejo después.
Y ahora, ¡vamos a ver de dónde viene el Claqué!
Como ya os he dicho, el claqué es conocido también como tap. Es un estilo de baile que viene de Estados Unidos en el que se mueven los pies deforma rítmica realizando un zapateo musical. Este estilo parte de una fusión. La fusión de las danzas de zuecos de Irlanda, el norte de Inglaterra y Escocia y combinado con bailes practicados por los afroamericanos entre los siglos XVII y XVIII.
Todo viene de una prohibición a los esclavos en 1739. No se les permitía utilizar instrumentos de percusión y esto les llevó a hacerlo con los pies y las manos. Lo bailaron en un principio los esclavos y se pulió en los Estados Unidos. Allí, los bailarines inmigrantes de diversos grupos, se reunían para competir y demostrar sus cualidades y movimientos. Y así, fue creándose el tap americano.
Se relajaron las posturas rígidas irlandesas y se empezaron a usar más los brazos y los hombros para dar forma y marcar los nuevos pasos que iban surgiendo. Lo más destacable de este estilo de baile, era la improvisación. La capacidad de ir creando en el momento le daba al claqué ese estilo único de interpretar. El claqué estuvo en pleno auge en los años 30-40. Empezó a estar presente en los musicales de Hollywood. Artistas reconocidos los hicieron llegar a los grandes escenarios. Sin embargo, tras estos años en la cumbre, el tap empezó a quedarse en segundo plano en los escenarios norteamericanos hasta resurgir en los 70. Poco a poco fue otra vez recuperando su popularidad y ya en los ochenta varios shows de Broadway como Ladies o Black and Blue acogieron este estilo de baile en sus actuaciones. También hubo películas que le dieron un empujón importante (The Cotton Club, White Nights)."
El zapateo siempre ha estado integrado en lo conocido como “show business” y no tanto en la danza seria. Ha sido siempre algo elegante pero desentendido. Sin embargo, en la actualidad existen compañías que hacen temporadas en teatros y los shows son solo de tap. También existen concursos y jam series en los que los bailarines participan y demuestran sus cualidades.
Ahora que ya sabemos de dónde viene el claqué y sabemos el baile que es. Es importante saber el `must´ de este estilo. Y eso nos lo ha hecho saber Sam Harper, profesor de claqué de la Escuela Flow. Lo importante es tener mucha paciencia. Porque no es tan sencillo como parece y no se trata de zapatear, si no de darle ritmo lógico a ese zapateo.
Tampoco pueden faltar los zapatos. El tap requiere un calzado especial. Zapatos con suela de cuero y chapas de metal tanto en la punta como en el talón. Para que con los movimientos que realices con los pies, suenen en su impacto con el suelo.
Si quieres saber más. En el vídeo podrás ver la clase de Sam Harper en la Escuela Flow y actuaciones de los bailarines de claqué que hay alrededor del mundo.
Y si todavía quieres más, en el podcast podrás escuchar la entrevista completa de Sam y así, seguro que te animas a probar.
Me gustan las películas musicales, en este sentido me identifico
bastante con el cine de la India, en el cual aparecen con mucha
frecuencia la danza y la música, siguiendo de alguna forma las antiguas
tradiciones del Gandharva Veda hindú, la música que da la vida.
Naturalmente, la aparición del cine sonoro fue una gran oportunidad para
las películas musicales en Hollywood, algo que fue menos común en el
cine europeo. Cantandobajo la lluvia (Singin’ in the Rain, Stanley Donen, 1952,con Gene Kelly y Debbie Reynolds)describe
bastante bien esa transición del cine mudo al sonoro, y para ello se
aprovecha de icónicas escenas de baile. La película fue un gran éxito
por estas escenas, en especial la de Gene Kelly cantando y bailando bajo
la lluvia, esa canción que le da su título al filme.
Si
se observan detenidamente, esas escenas de baile son asombrosas. Se ven
tan elegantes, tan fluidas, casi sencillas, pero detrás de ellas hay,
en general, una filmación muy compleja, entre otras cosas por la
perfecta coordinación que debe darse entre parejas de actores y
cantantes, que, a la vez, son bailarines. Se dice que la escena de Gene
Kelly bailando bajo la lluvia no estaba en el guion original, que fue
agregada más tarde para darle sentido al título. Además, se comenta que,
después de uno de los números musicales, Gene Kelly insultó a Debbie
Reynolds por su falta de experiencia y de talento en el baile y que Fred
Astaire (bailarín excepcional de musicales de cine), que estaba en el
estudio, encontró a Reynolds llorando bajo un piano y se ofreció a
ayudarla con sus pasos de baile. Agrega que luego del número llamado Good Morning,
los pies de Reynolds estaban sangrando. Ya estrenada la película, Gene
Kelly admitió que cometió un grave error al tratar de tan mala manera a
sus compañeros de elenco y ofreció sus disculpas. Años más tarde, Debbie
Reynolds dijo que sobrevivir a su infancia y hacer Cantando bajo la Lluvia
fueron las dos experiencias más duras y difíciles de su vida. Estas
anécdotas nos muestran la complejidad tras bambalinas, de la cual los
espectadores poco nos enteramos. Nos muestran también el papel que deben
hacer los directores, los asistentes y los productores, para manejar
todos estos egos y entregar al público algo coherente y bello.
Nos referiremos en este ensayo al papel que ha jugado en los musicales norteamericanos el baile conocido como claqué o tap dance.
La influencia de las sociedades africanas en la música de América ha
sido fundamental, especialmente en sus aspectos rítmicos y
sentimentales. Ello ocurrió sobre todo con la llegada a América de
pobladores de África Occidental durante la ominosa trata de esclavos de
los siglos XVII y XVIII.
En las culturas africanas, los tambores no son simplemente un
instrumento de percusión para marcar los ritmos musicales. Son también
instrumentos de comunicación y de expresión, extensiones del cuerpo de
profundos significados. Por ello, entre los esclavos, la utilización del
cuerpo para generar sonidos, seguramente, se convirtió en una forma
alternativa de comunicación y de creatividad rítmica, una respuesta ante
las prohibiciones y carencias instrumentales que se debieron generar
con los rigores y las arbitrariedades de la esclavitud. A partir de la
respuesta creativa y desafiante ante la pérdida de la libertad, se
fueron perfilando nuevas formas de entretenimiento colectivo,
configurándose estos movimientos y sonidos rítmicos como una danza, la
denominada pattin’ juba [1]. En ella se creaba, mediante aplausos
y golpes en diversas partes del cuerpo, un patrón de sonidos musicales
que utilizaban los esclavos en sus reuniones de entretenimiento. Al
mezclarse con otras danzas europeas en Estados Unidos, aparece el juba,
género en el cual se destacó William Henry Lane, un afro‑descendiente
conocido como máster juba, un claro antecedente del claqué.
El juba era una danza de percusión, de ritmo variado y expresivo, que incluía pasos de danzas europeas (la giga irlandesa y el clogging
inglés, pero sin las posturas rígidas irlandesas) con el uso de brazos y
de hombros para marcar. El juba se popularizó con William Lane, a
mediados del siglo XIX, época en la cual, en los barrios de Nueva York,
los inmigrantes europeos y los africanos se reunían para competir y para
mostrar sus mejores danzas, creándose interesantes fusiones musicales.
Era la época de los minstrel shows, originales espectáculos
muy norteamericanos, en los cuales se presentaban piezas de naturaleza
cómica y más bien racista, con bailes y música interpretada por blancos
con las caras pintadas de negro, satirizando y ridiculizando a los
negros. En este ambiente se popularizó el juba, ya con el ánimo de
representar algo más auténtico, dando pie a la participación de la
población afrodescendiente en los shows, destacándose Lane, el Máster
Juba, quien era el más connotado exponente de la danza negra en su
momento.
Eran populares dos técnicas en ese tipo de danza “zapateada”: el buck & wing, para el que se utilizaba suela de madera y el soft shoe,
más suave e interpretado con zapatos con suela de cuero. La fusión de
estos dos estilos dio como resultado lo que hoy conocemos como el claqué
(tap dance), término acuñado a comienzos del siglo XX, nombre
que proviene de la onomatopeya “claq”, el ruido que producen las chapas
metálicas de las suelas de los zapatos con que se baila. Se trata de
chapas pegadas a la parte inferior de los zapatos. Hay tres tipos
diferentes de chapas [2]: teletono, duotono y staccato, cada una con un
tono diferente. La cantidad de tornillos y su ajuste también afecta al
sonido de las placas. Los bailarines profesionales son exigentes con
respecto al tipo de chapas en sus zapatos y a la cantidad de tornillos
para obtener el sonido que desean. Hay dos placas en cada zapato, una en
el frente y otra en el taco. La chapa de atrás cubre todo el taco y la
del frente puede variar de tamaño.
Con la utilización de estas suelas de metal en los años veinte, el
claqué pasó a ser protagónico en los clubes de Broadway y en el cine del
momento, cada vez con mayor perfección técnica e innovación, dado que
la improvisación era un componente esencial. Como ocurre con otros
estilos musicales de origen africano, el claqué es rico en rompimientos
en la regularidad del ritmo, que permiten y facilitan la creatividad, la
sorpresa y la improvisación artística. Bill “Bojangles” Robinson es
considerado como fundamental en el desarrollo del claqué. Fue
responsable de introducir el claqué sobre las puntas de los pies,
manteniendo su cuerpo derecho, dando una gran impresión de ligereza,
como complemento y variación al primer estilo que apareció, el ya
mencionado buck & wing, que se basaba en golpes planos de los pies.
A
partir de los años treinta empieza la difusión del claqué en el cine y
van apareciendo, entre otros, los grandes bailarines de esta técnica:
Gene Kelly, Sammy Davis y Fred Astaire, con sus compañeras Ginger
Rogers, Eleanor Powel, Judy Garland y la niña actriz Shirley Temple. El
más famoso de todos fue Astaire, actor, coreógrafo y bailarín de teatro
de Broadway y cine, cuya carrera abarcó setenta y seis años, durante los
que hizo treinta y una películas musicales (diez de ellas con Ginger
Rogers). Considerado por muchos como el mejor bailarín del siglo XX,
tenía un control técnico y un sentido del ritmo asombroso, además de ser
elegante y original.
En los años cincuenta, Gene Kelly incluye movimientos de ballet y de
danza moderna en el claqué. Grandes actrices-bailarinas como Eleanor
Powel y Shirley Temple trabajarán esta técnica en sus películas. En los
años setenta, Savion Glover incorpora ritmos de hip-hop y rap. En la
actualidad se trabaja para la recuperación de las raíces africanas en el
claqué.
Sin embargo, desde los inicios del cine mudo, hay algunas escenas de danzas claqué. En Sunny Africa, Eighth Avenue, New York, una pequeña historia que hace parte de Fights of Nations
(1907), se presenta una pieza de danza en un salón de baile de estilo
afroamericano, la cual, curiosamente, termina en una pelea a cuchillo
entre el bailarín y un inesperado pretendiente de su novia. Se aprecia
acá un intento que será norma para muchas de las películas de danza
claqué, muy al estilo de Fred Astaire, el que las rutinas de baile deben
estar integradas suavemente en el argumento de la película, ayudando
así a que la historia tenga sentido.
Al
referirse a los inicios negros del claqué, naturalmente hay que hablar
de Bill “Bojangles” Robinson, quien, entre otras cosas, actuó con Lena
Horne en Stormy Weather (Andrew Stone, 1943), una rara
producción afroamericana, en la cual se aprecian su especiales dotes
creativas e innovaciones. Vale la pena detenerse en las ejecutorias de
este bailarín excepcional y apreciar lo que un artista talentoso puede
hacer con sencillos elementos de trabajo. En una escena famosa de sus
espectáculos de baile, denominada stair dance, Bojangles está
ante un conjunto de escalas, cinco peldaños en cada lado, formando una
plataforma triangular. Le acompaña el sonido rítmico de un piano, sin
percusión. Se acerca, como dudando, con zapateos que van y vienen. Luego
se atreve y sube dos peldaños. Vuelve y baja, sube de nuevo y estira
una pierna, tocando con elegancia el último de los cinco peldaños y se
devuelve. Se queda danzando en el piso y con una pierna ejecuta toques
rítmicos sobre las escalas, sin subir, como tentándolas, como en diálogo
con ellas. Entonces se agacha y las toca con las manos, a modo de
tambores y finalmente las sube, deteniéndose y zapateando en cada
peldaño, para bajar por el otro lado con pasos firmes. Gira y zapatea en
el piso y de nuevo sube, esta vez con pleno dominio, deteniéndose un
momento en la pequeña plataforma superior, para brindarse a la
audiencia, que hasta el momento pareciera no existir. Baja de nuevo y
repite la rutina entera. Al devolverse de nuevo, lo hace moviéndose de
espaldas hacia el piso, para subir de nuevo, peldaño a peldaño hasta el
tope, donde ya nos ofrece una rutina completa de preciosos movimientos
de piernas y de manos. Ya completamente dueño de las escaleras, juega
con ellas, desde el centro, subiendo y bajando, en pasos siempre
creativos a pesar de lo limitado y simple del objeto con que trabaja. Al
final, sube y baja, baja y sube, da una vuelta alrededor y se aleja.
Hemos atestiguado un espectacular manejo de sonidos de percusión basada
en el contacto del cuerpo humano con el piso, diez peldaños y una
pequeña plataforma de madera. Es todo un símbolo de lo que es la tap dance.
En Just Around the Corner (Irving Cummings, 1938),
Robinson es un elegante botones que sale por la clásica puerta giratoria
de un elegante hotel, con sonrisa brillante y dentadura reluciente,
orgulloso de ser uno de esos botones de la ciudad de Nueva York que te
dan la bienvenida cuando llegas y exhibiendo sus pasos de claqué, tan
naturales, abiertos y alegres como expresivos. Entonces se voltea hacia
la puerta y comienza a girar, mientras un grupo de colegas va saliendo
por ella, danzando con desenfado y clase. Es una forma de mostrar que la
maestría de la danza negra no riñe con sus humildes orígenes y con los
oficios tradicionales y sencillos que desempeñaban sus integrantes en la
época.
Para apreciar la maestría de Fred Astaire y Ginger Rogers uno puede observar en detalle las escenas de baile en Swing Time (George Stevens, 1936). Quizás la más famosa es Never Gonna Dance,
que incluye solamente algunos pasos de claqué, matizando bellamente los
armoniosos pasos de baile cercanos al ballet y a la danza romántica.
Pero es en un clip en el cual Lucky (Astaire) protege el empleo de Penny
(Rogers), mostrando con sus danzas de claqué qué tanto ella le ha
enseñado, donde uno puede disfrutar de lleno de estos dos maestros.
Todo
se inicia con una inclinación natural, el cuerpo se desliza suavemente,
toma el hombre la cintura y los brazos de la mujer y la va llevando en
giros armónicos, oscilantes, zapateando ligeramente cada vez que el pie
se apoya. Luego la suelta del brazo, y la sostiene por la cintura,
sonríe y arranca una serie de zapateos vibrantes, su cara sonriente, sin
perder la compostura, sin dejar de girar. La mujer parece que lo
siguiera con miradas sorprendidas, pero es igual de buena y cada vez es
más protagonista y atrevida. El hombre vuelve y la sujeta con ambas
manos, regresando a los giros iniciales, para luego soltarla,
permitiendo que cada uno haga orgulloso su rutina de giros y de
zapateos. Ella, jugando con sus manos y con su larga falda, que también
danza; él, moviendo todavía más las manos, dando alguna palmada,
inclinando y levantando su torso, haciendo que el faldón de su sacoleva
dance también. Luego se unen y dan más y más vueltas, cada vez más
compenetrados y orgullosos, más dialogantes con los espectadores,
siempre sonrientes y mirando expresivos, sin que se note ningún esfuerzo
al danzar. Por momentos se toman del brazo y caminan rítmicamente, como
si fueran de paseo, para comenzar de pronto a girar como si fueran un
solo ser, tan unidos se aprecian, siempre sonrientes. Entonces ella se
suelta, extiende sus brazos y él la hace girar elegantemente. Ahora
cambian de pose, se sueltan y dan vueltas continuas, el uno contra el
otro, de espaldas y de frente, aprovechando las variaciones de la música
para zapatear y saludar con desparpajo. Ella se va apoderando de la
iniciativa, aunque tímidamente, y tira su cabeza y cabellera hacia atrás
y avanza, dejando que sus piernas sean las protagonistas, resaltadas
por los aleteos de sus faldas y por sus manos apoyadas coquetamente en
la cintura. Él se da cuenta y con renovadas energías ataca nuevas poses,
que incluyen un elegante y rápido avance hacia los espectadores, para
luego abrirse lateralmente en giros centrífugos que culminan en ágiles
saltos, que no son, sin embargo, acrobáticos, sino apasionados y
lúdicos. Él la lanza, ella vuela impulsada y lo arrastra, dan un par de
giros y él la devuelve saltando y siguiéndola de nuevo, culminando en
una espectacular serie de giros conjuntos y en un nuevo salto
periférico, esta vez los dos juntos, para salir del escenario.
En The Band Wagon
(Vincente Minnelli, 1953), que fue un supermusical de la MGM,
protagonizan Fred Astaire y Cyd Charisse. Una de las historias, de
carácter surrealista y gran creatividad musical y artística, es la
denominada ballet Girl Hunt (A la cacería de la joven). Entra
Fred Astaire al Den Bones Café, un lugar de danzas estrambóticas, donde
los movimientos son exagerados, los cuerpos agachados, las manos y las
caras oscilantes y suplicantes. Fred danza amenazante, zapateando a los
personajes y los va arrinconando hasta que la ve a ella, Cyd Charisse,
vestida con una capa gris, enigmática, en la barra del lugar. Ella lo
mira desafiante, se quita la capa, quedando reluciente con un traje de
baile rojo y guantes blancos, y se acerca a él, tentadora. Empieza la
danza de los dos, una mezcla de claqué y de ballet, plena de rápidos
cortes, en los cuales es protagonista la mirada de los artistas
bailarines. Ella avanza, él retrocede perfectamente, como señala la
música, y de pronto la escena se vuelve confusa, tornándose en un
combate de personas a ritmo musical. Ella desaparece y otra mujer cae
entre los brazos de él, viniendo de ninguna parte, apasionada y
lánguida, yaciendo en sus brazos, moribunda como el claqué, que cesa.
En An American in Paris
(Vincente Minelli, 1951), una película muy premiada, el espectador
tiene la fortuna de escuchar la música del gran compositor clásico
George Gershwin, a cuyos acordes se deslizan Gene Kelly y Leslie Caron
en los más románticos sitios de París. En una pieza ya clásica de
claqué, Kelly, de chaqueta roja, sombrero americano y bastón, comienza
su rutina al son de la rítmica y vibrante música de Gershwin,
aproximándose y alejándose de Leslie Caron, quien aguarda sin moverse,
pero en posición de danza, desafiante y atractiva, hasta que se deja
llevar, iniciando un diálogo de movimientos y pausas con Kelly, ella en
la punta de sus pies, él haciendo malabares con su bastón y con sus
piernas. Entonces interviene todo el conjunto de bailarines en una
rápida marcha, ellos moviendo sombreros y bastones, ellas empinadas,
todos con el torso inclinado y zapateando al son de la música
fulgurante. Al final de la escena, cambian los tonos, la pareja se va
alejando en contraluz, para iniciar un romántico solo de ballet, pasando
del frenesí casi acrobático a la suave textura de los cuerpos que se
unen, tentados por ritmos casi sagrados y místicos. Con esa aproximación
a la música clásica se advierte y asume mayoría de edad la sonora
profundidad del claqué
Retomando el trabajo clásico de Fred Astaire y Ginger Rogers, The Barkleys of Broadway
(Charles Walters, 1949) es la última película en la que actúan juntos.
Fred y Ginger aparecen como una popular pareja de bailarines, que vive
entre discusiones y refriegas mezcladas con su mutuo amor por la danza.
En la escena denominada Bouncing the Blues los dos se mueven al
ritmo de una música rica en percusiones, cada uno al lado del otro, como
un par de artistas brillantes, exhibiendo lo mejor que tienen, al
unísono, perfectamente coordinados, pero sin dependencias mutuas. Sus
miradas y sus gestos van hacia los espectadores, incluso en los pocos
momentos en que se toman de las cinturas. De alguna forma es una
declaración de despedida y de independencia la de esta pareja singular
que se mantuvo unida en diez filmes musicales de muy buen nivel.
En
esta misma cinta hay una espectacular y larga escena de baile en
solitario. Fred aparece como un empleado de una tienda de reparación de
zapatos de danza. De pronto, un par de zapatos que un cliente ha dejado
empiezan a moverse por sí mismos en el mostrador y Fred no resiste la
tentación de ponérselos, con lo cual se da comienzo a un singular
despliegue de claqué de alta calidad, donde interviene toda una tropa de
zapatos danzantes acompañando a Fred. En un momento singular, la cámara
solo muestra el torso de Fred, y lo podemos apreciar danzando y
zapateando con su mente, a través de la música y de su mirada, como una
indicación de que el tap dance es tanto mental como físico. La escena, que se denomina Shoes with Wings on (zapatos
alados), es un verdadero reconocimiento a los zapatos de baile de
claqué, como instrumentos fundamentales que permiten el lucimiento de
los bailarines, elementos casi autónomos. Sin embargo, en un raro final
de escena, el personaje que representa Fred Astaire enloquece y empieza a
enfrentarse a los zapatos danzantes, a modo de vaquero o de gángster,
azotándolos y disparándoles con una escoba y sacando un par de
revólveres, hasta caer él mismo al piso, rodeado de los zapatos de la
tienda, que ya perdieron toda su magia voladora.
Aprovechando que empiezan las clases regulares de claqué en Flow (los viernes a las 21:30h) os dejamos aquí la historia de este baile tan divertido y enérgico en el que no basta con seguir el ritmo ¡también hay que crearlo!
El
claqué, o tap dance, es un tipo de baile que se caracteriza por usar el
sonido de los zapatos contra el suelo como instrumento de percusión.
Por tal razón, el claqué, también es considerado una forma musical. Hay
dos tipos de claqué: El Jazz Tap y el Broadway Tap.
Este
último, el Broadway Tap, se centra más en la danza y es utilizado,
sobre todo, en el ámbito del teatro musical. Y el Jazz Tap se centra más
en crear música a base de la percusión producida por los zapatos; estos
zapatos tienen un acabado distinto a cualquier otro, ya que constan de
dos placas de metal: una en la punta, y otra en el tacón. Estos zapatos,
por muy raros que parezcan, se pueden comprar casi en cualquier tienda
de baile.
Se
cree que el claqué comenzó en el siglo XIX durante el auge de los
espectáculos juglares. En estos mismos espectáculos había muchas
personas de raza negra que se pintaban la cara, más oscura de cómo la
tenían, y se dedicaban a bailar claqué. El ejemplo más claro es William
Henry Lane, que fue uno de los primeros artistas negros que llegaron a
integrar en un grupo de juglares y en la actualidad es ampliamente
conocido como el antepasado más importante del claqué.
A
medida que los espectáculos de los juglares crecían en popularidad el
claqué lo hacía con ellos, hasta que se hizo conocer la regla de los
colores; regla que no permitía a los artistas negros bailar y/o actuar
en solitario. Esta norma dio lugar a la famosa pareja “Buck and Bubbles”
que fue formada por John Bubbles y Ford Buck. Este dúo comenzó a bailar
claqué con trajes impecables o esmoquin, y desde entonces se ha
convertido en una rutina muy común en estos tipos de baile: tanto en el
Jazz Tap como en el Broadway Tap.
Bill
Robinson, un artista negro que solía bailar a dúo con George W. Cooper,
dio un vuelco a la situación actual haciendo una representación de
claqué en solitario. A pesar de que ver a un hombre negro bailar en
solitario en esa época era extraño, tuvo una enorme oleada de
reconocimientos, y pronto comenzó a bailar en películas famosas a escala
mundial en las que solía tener un papel con gran liderazgo y
protagonismo, sobre todo trabajo con la compañía llamada Shirley Temple.
En
las producciones actuales de películas se utilizan nuevos métodos para
captar, amplificar y recrear el sonido de la grabación; el uso de
micrófonos inalámbricos en los zapatos de los bailarines es una técnica
muy usada, ya que es la más exacta a la hora de capturar el sonido del
baile en la grabación.
Y
dicho esto solo queda hablar del premio “No Maps on My Taps” (No hay
mapas en mis pasos) un premio Emmy que ganó un documental de la PBS en
1979 que ayudó a iniciar el reciente renacimiento del claqué en los
últimos años. El gran éxito de la reconocida película de animación Happy
Feet ha reforzado aún más el atractivo de esta danza.
Volviendo
unos párrafos atrás recordamos al solista Bill Robinson cuyo cumpleaños
es el día 25 de Mayo, fecha la cual es reconocida por el presidente
George Bush como Día Internacional del Claqué. Un perfecto día para
recordar a bailarines de claqué tan brillantes como pueden ser: Brenda
Bufalino, los hermanos Clark, Savion Glover, Gregory y Maurice Hines,
LaVaughn Robinson, Jason Samuels Smith, Chloe Arnold y Dianne “Lady Di”
Walker entre muchos otros.
“El
bailarín del futuro será aquel cuyo cuerpo y alma hayan crecido tan
armoniosamente juntos, que el lenguaje natural del alma se habrá
convertido en el movimiento del cuerpo humano”