lunes, 20 de octubre de 2014

Ashtanga yoga

Sincroniza movimientos y respiración para fortalecer el cuerpo y serenar la mente.

Yo pensaba que el yoga no era tan físico», dijo María tras su primera sesión de ashtanga yoga, «creía que era mucho más tranquilo». En general se ignora que el yoga cuenta con variantes físicas y dinámicas, entre ellas el Ashtanga Vinyasa Yoga, una técnica energética para mejorar la salud física y conseguir calma interior. Como cualquier estilo de yoga (que en sánscrito significa «unión») favorece el bienestar integral de la persona, pero se diferencia de otros por la práctica del vinyasa, un sistema de movimientos y respiración sincronizados. Estos movimientos actúan de hilo conductor entre las posturas (asanas) y permiten una práctica fluida y dinámica.

Un yoga dinámico 
 La práctica continuada de ashtanga yoga estiliza y fortalece el cuerpo, proporciona un estado mental sereno y purifica el organismo, la mente y las emociones. Sus beneficios son innumerables y por ello se ha convertido en uno de los estilos de yoga más de moda en Occidente a pesar de proceder de la India, de un texto llamado Yoga Kurunta con más de mil años de antigüedad. Personas con estilos de vida muy diferentes lo practican con asiduidad. Se trata de una actividad exigente, puesto que requiere tenacidad, resistencia y concentración, pero cualquier persona puede iniciarse; el único requisito es ser constante y paciente. María había practicado distintos deportes, entre ellos la natación, el spinning y el footing, pero no conseguía «engancharse» a ninguno. Se inició en el yoga en una época en la que sufría mucho estrés. «Me había provocado una subida de colesterol, ansiedad y tensión en la espalda, y no conseguía mejorar. Fue empezar a hacer yoga y lograr relajarme», explica. «Se me equilibró todo».Lleva un año y medio practicando ashtanga y ha notado muchos cambios, tanto físicos como mentales y emocionales. Los más notables: un cambio en su postura corporal, la desaparición de tensiones externas e internas, el fortalecimiento de los abdominales, una mejora en su digestión y circulación, una mayor capacidad de concentración y, lo más importante, la desaparición del estrés. «Tras unos meses practicando ashtanga, noté que había creado una resistencia al estrés; ya no me afectaban cosas que antes sí lo hubieran hecho. Me encontraba mucho mejor». 

Cambios inmediatos 
Los cambios que la práctica provoca en el cuerpo y la mente son inmediatos si es continuada (se recomienda empezar con un mínimo de dos sesiones a la semana). Los más rápidamente detectables son los físicos: el cuerpo se estiliza y muscula ligeramente. «Fue lo primero que noté; se tonifica el cuerpo de los pies a la cabeza», apunta María. También mejoran rápidamente la postura, la flexibilidad, la coordinación y la fuerza. A medio plazo Desde un punto de vista interno, la práctica de ahstanga aumenta la capacidad de concentración, la vitalidad y la energía, con lo que se logra un estado físico y mental saludable y despierto. A medio plazo, ayuda a liberar tensiones, a relajar la mente, reduce el estrés y equilibra el metabolismo, mejorando notablemente el proceso digestivo, el estreñimiento, la circulación y la conciliación del sueño. Con el tiempo, se deshacen bloqueos emocionales e incluso se llega a observar los procesos mentales desde el desapego, sin juzgarlos ni identificarse con ellos. 

Cómo es una sesión 
El alumno que se inicia en ashtanga no tiene por qué haber practicado yoga antes ni poseer habilidades específicas. Las sesiones pueden ser guiadas (el profesor explica la secuencia) o, cuando se conocen las posturas, de estilo Mysore (el alumno practica a su ritmo y el profesor le corrige). En cualquiera de las dos formas, la estructura de la práctica siempre es la misma: se repite una misma secuencia de asanas y, a medida que la práctica progresa, el profesor añade nuevas posturas. Cada asana prepara para la siguiente: desarrolla la fuerza, la elasticidad y el equilibrio necesarios para continuar. La sesión se inicia diciendo un mantra en sánscrito que expresa el deseo de salud y prosperidad; siguen los saludos al sol que ayudan a calentar y purificar el cuerpo; las posturas de pie, que proporcionan resistencia y estabilidad; las posturas sentadas, que intensifican y tonifican la práctica; y las finales, que se utilizan para recuperar el equilibrio y la armonía. Es recomendable relajarse un mínimo de 10 minutos después de la práctica para asimilar sus beneficios. Aparte del vinyasa –unión de respiración y movimiento– los principios esenciales del ashtanga son la combinación de la respiración sosegada y regular (ujjayi) con las contracciones musculares del abdomen y suelo pélvico (bandas), y el punto de enfoque fijo de la mirada (drishti). Conocer la serie, sin tener que seguir al profesor o que pensar qué postura sigue, permite concentrarse en el sonido rítmico y regular de la respiración, lo que automáticamente tranquiliza la mente y paraliza los pensamientos continuos que vienen a la cabeza y que, por lo general, constituyen la causa más frecuente de estrés. Con la práctica regular del ashtanga yoga se logran eliminar tensiones internas y externas, concentrar la atención en el ahora, y conseguir así hacer realidad el tan difícil «vivir y disfrutar el momento». 

 Autora: Mercedes de la Rosa
Fuente original: http://www.cuerpomente.com