jueves, 27 de octubre de 2016

La capoeira: ¿danza, deporte, o arte marcial?


“Combina el equilibrio y la flexibilidad de las acrobacias, la gracilidad y fuerza de la danza, la velocidad y astucia de la lucha, y el ritmo de la música.”

Así se expresó un articulista con referencia a la capoeira. De acuerdo con un escritor, este arte brasileño se ha convertido en “todo un fenómeno mundial”.

El coreógrafo e investigador Edward Lunda lo cataloga de “fusión singular de baile, arte marcial, juego y ritual”. También lo han calificado de “danza popular” (The New Encyclopædia Britannica). ¿Cómo se ejecuta? Intérpretes y espectadores forman un círculo, dentro del cual “se enfrentan dos hombres, fingiendo que lanzan y esquivan los golpes de ‘la lucha’ al son del birimbao (arco musical)”.

Aunque su origen es muy debatido, la mayoría de los estudiosos lo sitúa en danzas y ritos tribales africanos. Por lo visto, la capoeira se introdujo en Brasil en la época del comercio negrero. Los esclavos la practicaron por décadas, a pesar de que sus dueños trataron de suprimir su cultura.

En 1888, al abolirse la esclavitud en el país, “los libertos no encontraron su lugar en el orden socioeconómico existente”, señala un escritor brasileño. Como consecuencia, muchos de ellos se unieron a bandas criminales que aterrorizaban los vecindarios y, armados de navajas y palos, se valían de la capoeira en sus violentas luchas callejeras.

La revista Planet Capoeira admite que la danza que se practicaba en las calles era “ruda”. Explica: “Sus maestros eliminaron todos los movimientos hermosos que no servían para mucho en las peleas de verdad. Por ejemplo, las patadas eran más bajas y se dirigían al cuerpo, en vez de a la cabeza. Las manos se empleaban de diversas maneras para engañar, dar puñetazos o meter los dedos en los ojos. No había música ni volteretas laterales ni otras acrobacias inútiles para la lucha”. Se comprende, pues, que fuera prohibida en toda la nación en 1890. Los capoeiras se exponían a terminar en el calabozo, recibir hasta 300 azotes o incluso ser deportados*.


En la década de 1930, Manuel dos Reis Machado, conocido en los círculos de este arte como mestre Bimba, abrió una academia dedicada a su difusión. Claro, como todavía era ilegal, tuvo cuidado de no decir públicamente que lo estaba enseñando. En 1937, al recibir la aprobación del presidente brasileño Getúlio Vargas, la capoeira se convirtió en deporte nacional, al grado de que hoy existen en el país unos dos millones y medio de practicantes, y su aprendizaje se realiza en escuelas, universidades, academias militares y muchas otras instituciones públicas.

¿Baile popular o arte marcial?

Aunque la capoeira tenga movimientos que recuerdan a la danza, muchos aún la clasifican entre las artes marciales. Por ejemplo, Augusto, que aprendió a practicarla con su padre, está convencido de que “si bien es un tipo de baile, incita a la violencia y contraviene los principios de la paz y el amor”. Asimismo añade: “En un arrebato de ira sería fácil valerse de ella para agredir a alguien”. Hasta si los ejecutantes evitan el contacto físico, un movimiento fuera de tiempo podría causar graves lesiones.

Muchos también opinan que esta práctica presenta claras connotaciones religiosas. Pedro Moraes Trindade, maestro de este arte en el estado brasileño de Bahía, lo describe como “fusión de cuerpo y mente”, y agrega: “Reducir la capoeira a deporte es disminuir su lado subjetivo, su historia y su filosofía”. Edmilson, quien la practicó durante ocho años en Niterói (Río de Janeiro), hace este comentario: “Hay chulas [cantos de presentación] y rituales de la capoeira que están estrechamente ligados al espiritismo”.

Al examinar con detenimiento los principios de las Escrituras, Edmilson y Augusto —de quienes hablamos antes— decidieron dejar la capoeira. Consideraron que no tenía sentido poner en peligro su valiosísima salud espiritual y física. Aunque en un tiempo disfrutaron de su ritmo pegadizo y sus gráciles movimientos, vieron que no era compatible con la Biblia, la cual indica que los siervos de Dios no “aprenderán más la guerra”